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PEDIR LO IMPOSIBLE

            Durante la pasada campaña electoral el sonsonete de CiU ha sido la reclamación del pacto fiscal. En esencia, la fórmula de financiación que reclaman los nacionalistas catalanes es similar a la que se aplica a las Comunidades de régimen foral, es decir, el gobierno autonómico recauda, inspecciona y regula todos los impuestos en el marco de la legislación tributaria general y acuerda con el Estado su contribución a la hacienda nacional. El problema es que constitucionalmente Cataluña es una Autonomía de régimen común y por tanto este trato de privilegio no encaja en el ordenamiento vigente. Además, si semejante maniobra se llevase a cabo mediante alguna vía extraña extraída del  Estatuto de 2006, las restantes Comunidades reclamarían lo mismo y España dejaría de existir por falta de fondos. Si la Generalidad catalana se encuentra ahogada por su deuda y su déficit es porque sucesivos gobiernos nacionalistas han gastado sin tino para fabricar un pseudo-estado que les permita satisfacer sus ansias secesionistas y mantener prisionera a toda una sociedad. La pretensión de que sea el resto de la nación de la que quieren separarse la que pague sus excesos revela una desfachatez asombrosa acompañada de la suposición de que los demás españoles son idiotas. Se ha dicho que el éxito obtenido por los herederos de Pujol en las elecciones del 20-N dará nuevas alas a esta aspiración y que el Ejecutivo del PP deberá ser receptivo con el fin de obtener el apoyo del grupo encabezado por Durán en el Congreso. Las razones por las cuales una mayoría absoluta ha de plegarse a las exigencias absurdas de una minoría resultan tan misteriosas como las que llevaron a ciertos dirigentes del PP a afirmar que su partido estaba dispuesto a hablar del asunto. En caso de entablarse dicha conversación con el mero propósito de pasar el rato, será muy breve y se resume en una palabra: no. Y es que lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible.

 

                   © Aleix Vidal-Quadras    

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LOS NACIONALISTAS Y LA CRISIS

         Es sabido que el nuevo Gobierno presidido por Mariano Rajoy deberá impulsar un programa muy severo de recortes de gasto público adicionales y de reformas  estructurales en los terrenos laboral, educativo, institucional y territorial de considerable ambición y alcance. Esta agenda es imprescindible para salir de la crisis y las instancias europeas le han dado a España un breve respiro en la confianza de que a partir del próximo domingo se va a producir en nuestro país un drástico cambio de rumbo. También resulta claro que este enfoque regenerador chocará con numerosos intereses creados y exigirá considerables sacrificios a la sociedad. No será fácil convencer a los españoles, maleados por una larga etapa de igualitarismo indolente, de que ahora deben revisar sus esquemas mentales y estar dispuestos a trabajar más cobrando menos y a ver reducidos sus beneficios sociales. De la misma forma, la tarea de reestructurar las Administraciones, devolver al Estado competencias esenciales y adelgazar las Autonomías se enfrentará a una numerosa e instalada casta política que tendrá que aceptar una reducción significativa de su volumen, poder e influencia. Para una empresa de esta envergadura y tan plagada de obstáculos, Rajoy va a necesitar todo el apoyo que pueda reunir y más. En este contexto, sorprende que algunas voces autorizadas dentro del PP consideren aconsejable la incorporación de ministros nacionalistas catalanes y vascos al Ejecutivo con el fin de sumarlos al esfuerzo colectivo para ganar competitividad, practicar la austeridad y fortalecer la unidad nacional. Es como si estos bienintencionados partidarios de la integración de los secesionistas en el propósito común hubieran heredado el buenismo ingenuo de Zapatero, que tanto daño a hecho a nuestra economía, a nuestro prestigio internacional y a nuestro nivel ético. Los nacionalistas no son integrables y treinta años de experiencia sobre su deslealtad deberían ser suficientes para aceptar una evidencia que no por dolorosa es menos palpable. La insistencia de darles juego a pesar de que ha quedado probado que cualquier instrumento que se les confíe será utilizado contra la unidad constitucional y puesto al servicio de su particularismo divisivo corresponde casi al dominio de la psicología antes que al de la política. La extraña fascinación que siempre han ejercido sobre determinados sectores o figuras del centro-derecha nacional responde a oscuros complejos o inseguridades doctrinales que se supone que desde la dirección del PP alguien tendría que controlar. Por desgracia, no es así y estamos condenados a padecer el reiterado error de meter la zorra en el gallinero para que se sacie a costa del resto de una nación a la que detesta y niega. En momentos en los que se augura una aplastante mayoría absoluta para los populares, semejante propuesta es propia de infiltrados o de masoquistas.

 

 

                                       ©Aleix Vidal-Quadras

 

 http://www.intereconomia.com/blog/prohibido-pisar-flores/los-nacionalistas-y-crisis-20111116

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EL DEBATE

           Todo el mundo sabía, incluido el propio interesado, que el sillón destinado a Alfredo Pérez Rubalcaba en su confrontación dialéctica con Mariano Rajoy el pasado lunes iba a ser una silla eléctrica. De la misma forma que el poder de la pedagogía es inútil salvo en los casos en que es innecesario, las habilidades de comunicación son estériles si el producto a vender es un asco. El vicepresidente de un Gobierno que recibió un país pletórico, optimista y próspero y lo ha convertido en un páramo de frustración y de miseria no podía, aunque hiciese juegos malabares, convencer a nadie de que le votase. Los prisioneros sentimentales o los amarrados al pesebre del socialismo le van a dar su papeleta pase lo que pase, pero ni uno más. Rubalcaba no consiguió nada que no tuviera ya y Rajoy no perdió ni uno de los que ya han decidido otorgarle su confianza. Como los segundos superan abrumadoramente a los primeros, el taimado Alfredo paseó su impotencia por el plató de la Academia de Televisión de tal forma que si no nos constase lo malo que es incluso nos habría inspirado una pizca de piedad.

 

Sentado este hecho obvio, es curioso que todas las propuestas del candidato del PSOE fuesen errores manifiestos y todas las que formuló el del PP apuntasen en la dirección correcta. Y digo que es curioso porque esta circunstancia era irrelevante a efectos del resultado del encuentro, que estaba cantado desde mayo de 2010. Si el futuro Gobierno, tal como defendió Rubalcaba, pidiese al Eurogrupo una moratoria de dos años para ajustar el déficit y siguiese aumentado el endeudamiento y los impuestos, España iría directa a la intervención y a la ruina completa. Si, en cambio, se esfuerza en crear un entorno normativo, fiscal y laboral favorable a la actividad de las empresas, como anunció Rajoy, existe alguna posibilidad de superar la crisis. Por lo demás, el combate fue de guante blanco. Ni un solo reproche de corruptelas ni referencias a ETA salvo la retórica balsámica de la unidad de los demócratas ni contraste de concepciones antropológicas o morales. Los dos participantes en la final de la década cumplieron su papel con absoluta profesionalidad, el uno perdiendo y el otro ganando sin despeinarse ni segregando un miligramo extra de adrenalina. Viéndoles y oyéndoles nadie diría que nuestra desdichada nación se encuentra inmersa en un desastre de proporciones cósmicas del que únicamente se salvará aceptando que su riqueza se ha reducido en una proporción significativa, que su sistema de protección social va a adelgazarse sensiblemente y que los españoles tendremos que trabajar más por menos dinero durante bastantes años. Eso por no mencionar que la broma del Estado de las Autonomías habrá que desmontarla y que a los sindicatos y a los partidos políticos se les ha acabado el momio. A partir del 21 de noviembre, sangre, sudor y lágrimas, pero vislumbrando por fin la luz al fondo del túnel.

 

                              ©Aleix Vidal-Quadras

 

http://www.intereconomia.com/blog/prohibido-pisar-flores/debate-20111109

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EL FACTOR HUMANO

         El primer ministro griego asistió a la cumbre europea de la semana pasada y participó en sus deliberaciones con voz y voto. Aceptó sus conclusiones y se comprometió, al igual que todos sus colegas presentes, a cumplir lo acordado. El resultado fue una subida generalizada de la Bolsas y una inyección de moderado optimismo en los mercados. La presión sobre las deudas soberanas de los Estados Miembros considerados de riesgo aflojó y parecía que lo que Herman Van Rompuy había calificado de “punto de inflexión” iba por fin a cambiar la tendencia y abrir una estrecha rendija de luz en la oscuridad. Sin embargo, pocos días después Yorgos Papandreu ha tomado sin consultar a nadie una decisión propia de un irresponsable o un demente, la de someter a referendo de la ciudadanía de su país el programa previamente pactado con los restantes primeros mandatarios de la Eurozona. Los efectos de semejante disparate han sido los esperables, pánico de nuevo en los parqués, subidas incontrolables del diferencial español e italiano, bajada de la cotización del euro y sensación generalizada de que la Unión Monetaria está en serio peligro. Ningún gobernante en sus cabales sometería a su nación a un riesgo altísimo de ir a la quiebra, pondría a los pies de los caballos a sus socios que le están respaldando con un enorme sacrificio y expondría al conjunto del sistema financiero mundial a una convulsión de consecuencias imprevisibles. ¿Hemos de llegar a la conclusión de que el líder del PASOK está como un cencerro? Pues no, lo que sucede es que Papandreu es un ser humano y, como tal, su capacidad de aguantar la tensión, la angustia y la vergüenza tiene un límite. Tras el Consejo Europeo en el que dio su conformidad a una quita del 50% de la deuda griega y a un renovado plan de rescate a cambio de una serie de recortes adicionales draconianos no ha podido resistir el rechazo y la ira de sus compatriotas ni el acoso de la oposición. Simplemente, se ha derrumbado emocionalmente y por eso ha soltado la cruz que soportaban sus hombros y la ha colocado sobre las espaldas del pueblo griego transfiriéndole la terrible carga de enfrentarse a su culpa y de sufrir la correspondiente penitencia. Tras décadas de despilfarro, nepotismo, picaresca, evasión fiscal, corrupción y falseamiento de las cuentas públicas, a los griegos les ha llegado la hora de pagar por sus excesos. Su primer ministro refleja con su planteamiento suicida la desesperación de una sociedad dispuesta a no arder sola en la hoguera de su fracaso.

 

                                       ©Aleix Vidal-Quadras 

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LOS PRIMEROS CIEN DÍAS

 Cuando Zapatero llegó al poder envuelto en el humo de las explosiones de las bombas terroristas hace ahora casi ocho años puso manos a la obra para llevar a cabo su proyecto destructor a una velocidad pasmosa. De inmediato paralizó la Ley de Calidad de la Educación, anuló el Plan Hidrológico Nacional y retiró las tropas españolas de Irak, eso de una tacada y para que nos fuéramos enterando. A partir de aquí y a lo largo de dos legislaturas no ha cejado ni un momento en su empeño disolvente, debilitador y divisivo. La izquierda se ha caracterizado siempre en nuestro país por dos notas características: si alcanza el Gobierno es implacable y si lo pierde se pone violenta. La Segunda República y las dos etapas socialistas de nuestra recuperada democracia son buenas pruebas de ello. La derecha democrática, en cambio, respeta las reglas, administra con prudencia y legisla con contención. Esta actitud moderada no le reporta ningún tipo de reconocimiento o de gratitud por parte de sus adversarios políticos, que desde el mismo momento en que pasan a la oposición ya afilan los cuchillos de degüello dispuestos al contraataque demoledor.

 

         Mucha gente que se dispone a votar al Partido Popular el próximo 20 de noviembre para que disponga de una sólida legitimidad espera que el nuevo Ejecutivo y la nueva mayoría absoluta hayan aprendido la lección y empleen los primeros cien días en La Moncloa para suprimir la asignatura de Educación para la Ciudadanía, derogar las leyes del aborto y del matrimonio homosexual, eliminar el Impuesto de Patrimonio, hacer cumplir las sentencias del Supremo sobre libertad de elección de lengua en la educación, promover la ilegalización de Bildu y poner en marcha una reforma del mercado laboral que acabe con la prepotencia de los sindicatos, descentralice los convenios y agilice la entrada y la salida en el empleo. De hecho, van a depositar su papeleta en la urna porque creen que el PP actuará con la misma celeridad y la misma decisión que el PSOE, pero en sentido corrector de los desmanes y abusos que han soportado desde 2004. Si no es así, la decepción será enorme y proporcional a las expectativas generadas durante tan largo período de sufrimiento. El argumento, indudablemente fuerte, de que Rajoy necesita una hegemonía muy amplia en el Congreso para la ambiciosa operación de regeneración que le aguarda está mostrando en las encuestas su efectividad. El olvido o la ignorancia de esta realidad sociológica una vez ganados los comicios tendría consecuencias devastadoras a medio plazo tanto sobre la unidad del centro-derecha como sobre nuestras posibilidades de recuperación material y moral.

 

                                             © Aleix Vidal-Quadras     

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EL PSOE NO SE ENTERA

Después de siete años de errores garrafales en política económica y de haber perdido el tiempo miserablemente en nimiedades o en obsesiones ideológicas, lo lógico sería que una nueva generación de dirigentes socialistas españoles cambiase de planteamiento y condujese el partido hacia una socialdemocracia sensata y realista de corte europeo. El resultado de las primarias en  el partido socialista francés para elegir su candidato presidencial suministra un precedente interesante en la medida en que el ganador, aunque no es novel, representa la versión menos radical de su formación. Por desgracia para España y para el propio PSOE, no parece que esta sea su disposición. En una reciente entrevista, uno de sus miembros más destacados, el ex-presidente de Extremadura Guillermo Fernández Vara, considerado como persona inteligente dotada de sentido crítico, ponía de relieve en sus respuestas que siguen aferrados a los tópicos izquierdistas más obsoletos. La insistencia en la reinstauración del Impuesto sobre el Patrimonio, un tributo antieconómico, redundante, injusto, sin apenas poder recaudatorio e inhibidor del ahorro, demuestra que todavía no consiguen entender el funcionamiento de un sistema fiscal al servicio del crecimiento y del empleo. La manía de que la prioridad es una sociedad más justa y solidaria en la que paguen más los que más tienen para que reciban más los que más lo necesitan resulta patética a estas alturas de la crisis. Lo prioritario es un modelo productivo más competitivo que genere riqueza, sin lo cual no hay recursos para el erario ni ayuda posible a los que la requieren. Este fallo conceptual básico es el causante de nuestro actual desastre. El socialismo doctrinario y arcaico pone el carro antes que los bueyes y, como es de esperar, el carro se atasca. Otro lugar común que repiten hasta la saciedad, y Fernández Vara no es una excepción, es el de que los servicios públicos han de ser de gestión asimismo pública y que confiarlos a la iniciativa privada equivale a su privatización. Esta es una equivocación muy dañina porque confunde titularidad y gestión. Un hospital, un aeropuerto, una escuela, un centro geriátrico o una planta de tratamiento de residuos pueden ser confiados a una empresa del sector que gane una licitación pública y que consiga mejores rendimientos que la Administración a un coste más competitivo. La gestión privada, eficiente y de calidad, de servicios de titularidad pública, contribuye a  aliviar el presupuesto y a articular un Estado más ágil y vigoroso. Cada vez que un socialista se refiere a la sanidad y a la educación públicas como “gratuitas”, al igual que hace Fernández  Vara en sus afirmaciones, demuestra que sus esquemas mentales necesitan una seria revisión. Gratuito en este mundo no hay nada, siempre hay alguien que paga, en este caso el contribuyente. Esta ilusión de gratuidad es la que lleva al despilfarro y a la irresponsabilidad que han caracterizado la ejecutoria de los gobiernos, tanto el nacional como los autonómicos, en manos del PSOE y, todo hay que decirlo, de alguno teóricamente de centro-derecha. El hasta hace poco Presidente de Extremadura concluye sus reflexiones sentenciando que España necesita un Gobierno de izquierdas. A la luz de la experiencia acumulada desde 2004 y a la vista de su empecinamiento en la doctrina que nos ha arrastrado a la ruina, esperemos que los españoles sí se hayan enterado de las causas de nuestros males presentes y comprendan a la hora de votar que el masoquismo debe tener un límite.

 

 

                                               ©Aleix Vidal-Quadras 

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PAJA EN OJO AJENO

                                             

Josep Antón Durán i Lleida comparte con Josep Montilla la maravilla de haberse transubstanciado en nacionalista catalán pese a que el destino les llamaba en principio por otro camino menos glorioso. Aragonés el primero, andaluz el segundo, nacidos pues José Antonio y José, tuvieron ambos la visión iluminada y la férrea voluntad de vencer a la geografía, la cultura, la historia y sus respectivos progenitores para promocionarse como miembros de una nacioncilla imaginaria y por consiguiente carente de Estado. Esta heroica decisión no sólo les ha permitido, como es notorio, mejorar como personas y como políticos -véase el éxito arrollador de la gestión de CiU y del tripartito en sus sucesivas etapas de gobierno-, sino vivir muy confortablemente a costa del contribuyente. Pero en estas existencias paralelas ha surgido un nubarrón, un conflicto insalvable, una fricción durísima, en el momento en el que Josep Antón se ha lanzado a acusar a los jornaleros beneficiarios del PER, antiguos paisanos de Josep, de pasarse el día en el bar gracias al expolio fiscal que sufren los laboriosos catalanes. Mira quién fue a hablar. Si ha habido en España un partido que se ha dedicado a subvencionar frenéticamente todo lo que se le ha puesto a tiro es la federación de la que Josep Antón es Secretario General. Centenares de organismos públicos inútiles,  innumerables entidades entregadas a obligar a la gente a hablar en una lengua definida como propia, pseudo embajaditas en los más diversos puntos del planeta, toneladas de libros en la susodicha parla canónica que nadie lee ni leerá, doblaje de películas para ser exhibidas en salas vacías, miles de policías cuatribarrados, televisiones que se tragan los millones como pozos sin fondo, fastos y festejos patrióticos de desbordante lujo, multiplicación de administraciones para simular poder, corruptelas a manta legitimadas por el servicio a la soñada independencia, despilfarro orgiástico sin freno ni medida. Al menos el PER, plagado sin duda de inconvenientes y de fraudes, se emplea en dar de comer a una considerable cantidad de familias, mientras que la máquina repartidora nacionalista quema recursos estérilmente adorando una abstracción asfixiante. Josep Antón, Josep Antón, deja la paja en el ojo andaluz y preocúpate de quitarte la viga que te nubla la mirada y el entendimiento.

 

 

                                               Aleix Vidal-Quadras  

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POR FIN ALGUIEN TIENE UN PLAN

                              Esta semana visita oficialmente las instituciones comunitarias en Bruselas la presidenta del Brasil, Dilma Rousseff. En el transcurso de su estancia en la capital belga ha participado en un encuentro con la cúpula empresarial europea a cuyos integrantes ha dirigido un discurso acompañada de José Manuel Durao Barroso, Presidente de la Comisión, y de Hermann Van Rompuy, Presidente del Consejo Europeo, que también tomaron la palabra. Testigos presenciales del acto han coincidido después en que el contraste entre la firmeza, la claridad, la determinación y la fuerza de los planteamientos de la primera mandataria iberoamericana y los balbuceos nebulosos e inconexos de los dos máximos representantes de la Unión llenaron de consternación al auditorio. Este es, efectivamente, nuestro problema en Europa. Procedimientos demasiado complejos, decisiones demasiado lentas, liderazgos demasiado débiles, que nos impiden actuar con la eficacia y la resolución necesarias en estos tiempos de profunda crisis. Por eso, resulta estimulante que en medio de este panorama desalentador, un Eurodiputado español, José Manuel García Margallo, Vicepresidente de la Comisión de Asuntos Económicos, haya presentado un plan coherente, consistente y completo para salir de las dificultades que nos atenazan. A diferencia de la sucesión de parches, vaivenes y contorsiones electoralistas de los jefes de Gobierno de la Eurozona, García Margallo ha puesto sobre la mesa un conjunto de medidas perfectamente trabadas con un calendario realista que sin duda marcan un camino prometedor. Tecnicismos aparte, la agenda que propone pasa en primer lugar por la reestructuración de la deuda griega, asumiendo sin tapujos que por mucho que reduzca el gasto público y por mucho que privatice sus activos, el país heleno jamás podrá hacer frente a sus obligaciones. A continuación, una nueva arquitectura institucional que introduzca una verdadera gobernanza económica europea. En este punto, García Margallo indica que es mejor mecanismo disuasorio para posibles incumplidores el negarles el acceso a la financiación mediante eurobonos que multas y sanciones simbólicas seguramente inútiles. Garantizada así la unidad de acción en el área monetaria óptima, la estabilidad quedaría asegurada con un sistema de bonos europeos respaldados por todos los Estados del euro hasta un límite de endeudamiento y por cada Estado aisladamente a partir de esta línea roja. Por último, y para impulsar el crecimiento, un Plan Marshall a cargo del Banco Europeo de Inversiones aprovechando su elevado margen de maniobra, complementándolo, si hiciera falta, con la emisión de bonos para proyectos específicos de interés europeo. Este esquema se redondearía con la creación de un Fondo Monetario Europeo que asumiría las funciones del actual Fondo de Rescate, evaluaría las economías nacionales y tendría a su cargo el estudio de las condiciones para el lanzamiento de los eurobonos. Un proyecto, pues, dotado de visión de conjunto, realista a la vez que ambicioso y que proporcionaría seguridad y confianza a los mercados. Falta ver si esta brillante aportación será recogida por aquellos que en la Comisión y el Consejo están centrados en preparar una propuesta tras otra sin conseguir convencer a nadie. Por lo menos, los españoles tenemos la satisfacción de que haya sido un compatriota nuestro el que en medio de la incesante confusión en la que nos debatimos haya marcado un rumbo riguroso, valiente y factible.                                        ©Aleix Vidal-Quadras

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MAYORÍA ABSOLUTA

 Con vistas a las próximas elecciones del 20 de noviembre se distinguen cinco tipos de electores, aquellos que ya tienen decidido apoyar a un partido concreto por razones de adhesión casi religiosa basada en motivaciones ideológicas inamovibles, aquellos que ya saben qué papeleta depositarán en función de la oferta que consideran racionalmente  más adecuada a sus intereses en un marco de convicciones desprovistas de fanatismo, aquellos que piensan acudir a las urnas pero dudan sobre su opción final, aquellos que no piensan votar por razones de decepción con sus siglas habituales y aquellos que tampoco lo harán por un hastío profundo y una desconfianza total hacia el sistema. Los primeros son impermeables a los argumentos o a la realidad y con su pan se lo coman. Los quintos se consumirán en su estéril escepticismo y son prescindibles a los efectos del resultado. Centrémonos, por tanto, en los otros tres, que son los que configurarán la composición de las Cámaras.

 

Todos los sondeos dan como ganador al hoy primer partido de la oposición por un margen muy amplio. Examinemos si interesa a la sociedad española que la mayoría que surja de estos comicios sea absoluta y, dentro de lo absoluta, arrolladora. El nuevo Gobierno está obligado, le guste o no, a aplicar un programa de reformas de enorme alcance que afectará a muchas situaciones consolidadas, romperá no pocos esquemas y exigirá sacrificios considerables a los ciudadanos. Esta agenda tan transformadora provocará sin duda una considerable agitación social que la izquierda recalcitrante y los nacionalistas llevarán a la calle para amedrentar al Ejecutivo. Si éste se achanta, iremos a la ruina, si se mantiene en el cumplimiento de su deber, nos arriesgamos a generar un caos incontrolable. ¿Cuál es la forma de asegurar una acción eficaz del Gobierno y de neutralizar la subversión? La respuesta es evidente: dotar a la mayoría parlamentaria de una autoridad moral y de una legitimidad política tan grande que su envergadura sea en sí misma disuasoria frente a maniobras de desestabilización y genere a su vez una movilización saludable de los sectores más dinámicos, informados y moralmente sanos de la sociedad civil. Este es el mensaje que deben recibir los electores de las tres categorías mencionadas, con independencia de sus preferencias por este o aquel partido y de sus simpatías o por este o aquel candidato. La mayoría aplastante no es en estas elecciones la conveniencia de la fuerza que se presume ganadora y de su líder, eso es completamente secundario en las presentes circunstancias. Se trata de una necesidad estructural de España.

 

 

                                          ©Aleix Vidal-Quadras

 

 http://www.intereconomia.com/blog/prohibido-pisar-flores/mayoria-absoluta-20110928

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VERGÜENZA AJENA

 La campaña de Rubalcaba va a toda máquina y se van acumulando sus propuestas. Examinemos cuatro de las más destacadas para establecer algunas conclusiones sobre la calidad y la viabilidad de estas iniciativas que, según el candidato, pondrá en marcha si gana los comicios. La primera es recuperar el impuesto sobre el patrimonio de las personas físicas, suprimido por el Gobierno socialista, es decir, por el Gobierno en el que ha sido ministro Rubalcaba y el Gobierno del partido de Rubalcaba. Este tributo es injusto porque grava dos veces los mismos ingresos, es antieconómico porque desincentiva el ahorro y la inversión y apenas tiene poder recaudatorio, unas décimas por ciento del total del presupuesto. Además, está transferido a las Comunidades Autónomas, con lo cual éstas pueden bonificarlo al cien por cien, intención que ya han manifestado las Autonomías en manos del PP, que son casi todas. Para mayor regocijo, de acuerdo con la actual Ley de Financiación de las Comunidades, el Estado viene obligado a compensarlas por la suspensión en su día del dichoso impuesto, lo apliquen o no, con lo que se podría dar el chistoso caso de que una Comunidad lo perciba dos veces, una del Gobierno central y otra del sufrido contribuyente. Un acierto, sin duda. La segunda es establecer un gravamen sobre los beneficios de los bancos. Es bien sabido que hoy las entidades financieras están ahogadas por el agujero de los créditos a inmobiliarias, por el impago de hipotecas y por su acumulación de deuda pública nacional, autonómica y extranjera. Se habla de cuánto costará su recapitalización. Como se ve, una coyuntura de lo más oportuno para anunciar que se les va a poner una nueva piedra al cuello. La tercera consiste en cambiar el vigente ordenamiento para que una reforma estatutaria aprobada en referendo por la ciudadanía no pueda ser posteriormente declarada inconstitucional por el tribunal competente. El argumento, desbordante de rigor jurídico, que ha adelantado Rubalcaba es que los jueces no están legitimados para modificar lo que ha decidido el pueblo soberano. El asunto presenta dos pegas no menores. Una, que la soberanía del pueblo español, en cuyo nombre actúan los magistrados del Constitucional, es indivisible y un Estatuto afecta únicamente a una parte de los españoles y dos, que el disparate de suprimir el recurso previo de inconstitucionalidad, origen de este absurdo, lo cometió el PSOE. Y cuarta maravilla, la creación de centenares de miles de puestos de trabajo para jóvenes con el dinero resultante de las exacciones a los ricos y a los bancos. Veamos. El empleo lo crean las empresas si tienen oportunidades de negocio y generan los beneficios necesarios. Por muchas subvenciones que reciban, la ocupación así generada artificialmente lo único que consigue es perturbar el mercado y desviar recursos de donde son eficientes a un sumidero estéril. Lo que procede es mejorar la competitividad de las empresas, no despilfarrar en planes E y otras bobadas. A Rubalcaba también le hacen falta dos tardes con Jordi Sevilla, aunque la pena es que ya no está disponible porque hace tiempo que salió despavorido ante las barbaridades del Presidente saliente, que Rubalcaba pretende emular.

 

En fin, cabría concluir que Rubalcaba es un ignorante completo o un débil mental. Como no es ni una cosa ni la otra, está claro que propone medidas nocivas para sus votantes con la evidente intención de explotar su desesperación a causa de la crisis o su buena fe, lo que nos confirma lo que todos sabemos sobre la catadura moral del personaje. La campaña de Rubalcaba es de vergüenza ajena y hay que preguntarse quién podrá votar a semejante desaprensivo.

 

 

 

 

                                               ©Aleix Vidal-Quadras