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LOS PRIMEROS CIEN DÍAS

 Cuando Zapatero llegó al poder envuelto en el humo de las explosiones de las bombas terroristas hace ahora casi ocho años puso manos a la obra para llevar a cabo su proyecto destructor a una velocidad pasmosa. De inmediato paralizó la Ley de Calidad de la Educación, anuló el Plan Hidrológico Nacional y retiró las tropas españolas de Irak, eso de una tacada y para que nos fuéramos enterando. A partir de aquí y a lo largo de dos legislaturas no ha cejado ni un momento en su empeño disolvente, debilitador y divisivo. La izquierda se ha caracterizado siempre en nuestro país por dos notas características: si alcanza el Gobierno es implacable y si lo pierde se pone violenta. La Segunda República y las dos etapas socialistas de nuestra recuperada democracia son buenas pruebas de ello. La derecha democrática, en cambio, respeta las reglas, administra con prudencia y legisla con contención. Esta actitud moderada no le reporta ningún tipo de reconocimiento o de gratitud por parte de sus adversarios políticos, que desde el mismo momento en que pasan a la oposición ya afilan los cuchillos de degüello dispuestos al contraataque demoledor.

 

         Mucha gente que se dispone a votar al Partido Popular el próximo 20 de noviembre para que disponga de una sólida legitimidad espera que el nuevo Ejecutivo y la nueva mayoría absoluta hayan aprendido la lección y empleen los primeros cien días en La Moncloa para suprimir la asignatura de Educación para la Ciudadanía, derogar las leyes del aborto y del matrimonio homosexual, eliminar el Impuesto de Patrimonio, hacer cumplir las sentencias del Supremo sobre libertad de elección de lengua en la educación, promover la ilegalización de Bildu y poner en marcha una reforma del mercado laboral que acabe con la prepotencia de los sindicatos, descentralice los convenios y agilice la entrada y la salida en el empleo. De hecho, van a depositar su papeleta en la urna porque creen que el PP actuará con la misma celeridad y la misma decisión que el PSOE, pero en sentido corrector de los desmanes y abusos que han soportado desde 2004. Si no es así, la decepción será enorme y proporcional a las expectativas generadas durante tan largo período de sufrimiento. El argumento, indudablemente fuerte, de que Rajoy necesita una hegemonía muy amplia en el Congreso para la ambiciosa operación de regeneración que le aguarda está mostrando en las encuestas su efectividad. El olvido o la ignorancia de esta realidad sociológica una vez ganados los comicios tendría consecuencias devastadoras a medio plazo tanto sobre la unidad del centro-derecha como sobre nuestras posibilidades de recuperación material y moral.

 

                                             © Aleix Vidal-Quadras     

EL HUMANITARISMO IMBÉCIL

  

         La semana pasada llegaba a la conclusión de que entre la cobardía y la crueldad a la hora de defendernos del crimen extremo debe existir un punto de equilibrio. Hoy quiero desplazarme a otra latitud del delito, ese que blandamente denominamos menor y que la legislación penal califica como falta. Consideremos en concreto el hurto, la sustracción al descuido por parte de los amigos de lo ajeno de bolsos, billeteras, bolsas de la compra y cualquier objeto de pequeño o gran valor que quede expuesto aunque sea un instante a sus habilidades casi prestidigitadoras. En épocas vacacionales, los carteristas, nunca menor dicho, hacen su agosto. Me encuentro, al igual que cuatrocientos mil visitantes más, intentando reponerme de las fatigas del resto del año en la más hermosa isla de las Baleares y probablemente del Mediterráneo entero. Prácticamente todos los días leo en la prensa local noticias sobre la desarticulación de bandas de ladrones o soy testigo directo de robos en playas, comercios, bares, aparcamientos y supermercados. Las escenas de rabia y desesperación de mucha buena gente despojada de sus pertenencias son desgarradoras a la vez que indignantes. El promedio diario de denuncias por este tipo de raterías en este paraíso turístico es realmente alarmante y sus autores, en caso de arresto por la policía, al no haber ejercido violencia y haberse apoderado de bienes o efectivo por una cantidad modesta, son puestos en la calle por el juez tras tomarles declaración. Al citarles a juicio meses después, ya están en otro punto de nuestra geografía a centenares de kilómetros ejerciendo su depredador oficio o han regresado a su país porque la mayoría de estos profesionales, todo hay que decirlo, son extranjeros. Se conocen casos escandalosos de reincidencia múltiple con sesenta, setenta o más detenciones, sin que la pertinacia en tal comportamiento incivil tenga la menor consecuencia sobre el chorizo en cuestión. Hay que imaginar lo que implica en términos de molestias, desesperación y frustración encontrarse de repente sin pasaporte, sin dinero, sin llaves del coche y sin tarjetas de crédito en pleno descanso muy lejos del lugar de residencia habitual, las colas en el consulado y en la comisaría, las gestiones laboriosas, a lo mejor los ahorros de un año volatilizados, la tensión nerviosa, el descanso perdido y la sensación de impotencia ante semejante desgracia inesperada e imprevista. Por tanto, ni falta ni delito menor que valga, el daño causado es enorme y la impunidad de hecho que acompaña a estas fechorías es absolutamente inaceptable. Comparto con millones de españoles la convicción de que nuestro código penal requiere un endurecimiento significativo para esta clase de transgresiones, hoy casi gratuitas para el delincuente. El humanitarismo y el garantismo son grandes conquistas de la civilización occidental, pero no hay que llevarlos al extremo de la pura imbecilidad.

 

 

                                                                  Aleix Vidal-Quadras

DEMOLICIÓN DEL ESTADO

 El candidato Rubalcaba, según se ha filtrado, se propone incluir entre sus propuestas programáticas una fuerte reducción de nuestras ya escuálidas fuerzas armadas. Figuramos entre los miembros de la OTAN que menos gastan en defensa y en los últimos tres ejercicios presupuestarios la contracción para este capítulo ha sido del 16%. Nuestros ejércitos cuentan hoy con un total de 130000 soldados, marineros, suboficiales y oficiales. Italia, por si sirve de comparación, tiene a 290000 de sus ciudadanos enrolados en filas. En cuanto a material, las restricciones también son notables y muchas unidades encuentran serias dificultades presupuestarias a la hora de renovar su armamento y sus equipos, sobre todo si se considera el elevado precio de la sofisticad tecnología que utilizan en la actualidad las tropas de los países avanzados. Entre las cifras que barajan los asesores de Llamadme Alfredo, se habla de llegar hasta una disminución de un tercio de nuestros efectivos. Parece ser, según se rumorea, que un tajo tan severo a nuestra capacidad de defensa tendría como objetivo electoral congraciarse con ese ejemplo de sensatez que son los indignados del 15-M y complacer a la progresista Bildu, futura socia del Químico Prodigioso para construir una gran coalición de izquierdas que frene en las urnas y en la calle al centro-derecha neoliberal y cavernícola. Este proyecto de la nueva esperanza oscura del socialismo poszapaterista es totalmente coherente con la trayectoria del Gobierno desde 2004, una continua labor de demolición del Estado en sus partes más vitales, la justicia, el territorio, el erario y la lengua. Si ahora debilitamos las fuerzas armadas hasta convertirlas en inermes, España estará lista para desaparecer. Cuando el propósito de un dirigente de larga experiencia que aspira a la presidencia del Gobierno es la destrucción de su propia nación en colaboración con los elementos más corrosivos, marginales y delirantes de la sociedad, parece obvio que la política al uso no sirve. La realidad es que uno de los dos grandes partidos está en manos de gentes que han decidido ser enemigas abiertas de la mayoría de españoles, tanto de derechas como de izquierdas, que quieren vivir unidos en paz, prosperidad y seguridad. Frente a un hecho tan estremecedor como evidente, no sirve de nada esconder la cabeza bajo el ala y fingir que todo es normal. Las cosas no son en absoluto normales en España desde hace tiempo, de hecho son disparatadas, alarmantes e intolerables. La oposición ha criticado, con razón, la negativa de Zapatero a reconocer la existencia de la crisis económica, actitud irresponsable que nos ha llevado a la presente ruina. Lo mismo se dirá en el futuro de los que ahora se resisten a abrir los ojos a la gravedad de la amenaza que gravita sobre España y siguen, como la orquesta del Titanic, desgranado dulces melodías mientras la nave se hunde en el océano.

 

 

                                                ©Aleix Vidal-Quadras

 

 

PESCAR EN RÍO REVUELTO

 

         La lectura del manifiesto del movimiento “Democracia Real, Ya” no arroja demasiadas precisiones sobre la base conceptual y los objetivos de esta corriente ciudadana de protesta. Produce cierta inquietud que entre la serie de valores que invocan sus integrantes, la igualdad, la solidaridad y la sostenibilidad ecológica, no figure la libertad, el eje y el centro de una vida humana digna. Quizá por eso en sus concentraciones los periodistas que acuden a realizar sus tareas informativas son zarandeados, escupidos e insultados, porque estos partidarios de la democracia real e inmediata no consideran que la libertad de expresión sea un requisito de una sociedad deseable. Probablemente esta sea también la razón por la que otra iniciativa paralela, la llamada “Jóvenes sin Futuro”, cuenta entre sus filas a los energúmenos que irrumpieron en diversas capillas universitarias, interrumpiendo el oficio y sometiendo a vejaciones al sacerdote y a los fieles que allí se encontraban, porque tampoco creen en la libertad de culto. En cuanto a metas tales como el progreso, el bienestar o la felicidad, enunciadas así, en términos genéricos y declamatorios, no aportan demasiado y de hecho en su nombre se han cometido atrocidades sin cuento. Otras de sus reivindicaciones, el derecho a la vivienda, a la educación, a la sanidad, a la participación política y al consumo de los bienes necesarios para una existencia saludable y dichosa, se supone que son conscientes de que ninguna de estas cosas es gratuita y que previamente a su disfrute hay que generar los recursos para financiarlas, lo que implica un modelo productivo competitivo del que forme parte el ahorro, la inversión, el esfuerzo, la productividad, el estudio y la innovación tecnológica, elementos todos ellos ausentes en su proclama. No queda en absoluto claro cuál es su fórmula frente al que denominan “antinatural modelo económico vigente”, ahora bien, si se refieren como contraria a la naturaleza a la economía de mercado adecuadamente regulada, la alternativa ya ha sido probada y conduce a la generalización de la miseria. Por tanto, estas aglomeraciones alborotadas que expresan su rechazo y su descontento en esta etapa de crisis demuestran de momento una empanada mental de preocupantes proporciones. En lo que sí aciertan es en la crítica inmisericorde a la partitocracia y a la corrupción, así como en la denuncia de la actuación egoísta de una casta política que pone sus intereses parciales por encima del interés nacional. Pocos se habrán sorprendido de que en medio de este despliegue de ruido y de furia, el taimado Rubalcaba haya lanzado su caña a tan turbulentas aguas y haya invitado a los manifestantes a votar a los candidatos socialistas bajo el sublime pretexto de que son “sus amigos” y el PP sus “adversarios”. Es obvio que el ministro del Interior no ha leído el manifiesto de la alegre fanfarria de demócratas reales e impacientes en el que también se pone a su formación a caer de un burro. O bien, a pesar de conocerlo, nos demuestra una vez más su capacidad de rápida adaptación a las revueltas sin importarle que sean las que organiza él mismo o las que le vienen dadas de otras latitudes más agrestes.

 

                                                ©Aleix Vidal-Quadras 

PLEBEYEZ

    La subsecretaria del Ministerio de Medio Ambiente, Felicidad Montero, sufrió el pasado día diez del mes en curso  un accidente que pudo haber sido muy grave. Iba la alta funcionaria  hablando con la ministra Rosa Aguilar en su trayecto hacia el ascensor para acudir juntas al Congreso cuando  al llegar a la puerta del mismo se precipitó al vacío porque la caja no estaba en su lugar por mantenimiento. Sobre este doloroso percance, del que hay que desearle una rápida recuperación, cabe llevar a cabo dos reflexiones. La primera es que el servicio técnico que tiene su cargo los ascensores de ese departamento está formado por ineptos cuya negligencia irresponsable a la hora de tomar las necesarias medidas de señalización y de limitación de acceso al hueco en reparación estuvo a punto de provocar una tragedia. Es de suponer que se habrán dilucidado y sancionado debidamente las correspondientes responsabilidades. La segunda se refiere a las variadas y siempre negativas consecuencias de la plebeyez, es decir, la aversión a la excelencia, el rechazo al reconocimiento de las diferencias de nivel y de función y la creencia estúpida de que la jerarquía es sinónimo de desigualdad injusta. Como es lógico en un ministerio, existe un ascensor de uso preferente de su titular, que es escoltado en sus desplazamientos desde y hacia el mismo por un ordenanza que le abre la puerta y está atento a cualquier incidencia que pueda surgir. El ordenanza no hace eso porque esté sometido a nadie, sino porque ésta es una de sus muchas tareas dentro de la compleja estructura ministerial y responde a la consideración y respeto que, incluso a nivel simbólico, se presta al ministro o a la ministra de turno. Llevada de su igualitarismo cerril y doctrinario, una de las primeras instrucciones que Rosa Aguilar dio al tomar posesión de su nuevo cargo fue que no deseaba ser acompañada por ordenanza alguno ya que utilizaría los ascensores comunes al resto del personal. Si no hubiera cometido semejante tontería, su subsecretaria se habría ahorrado un enorme susto y heridas de consideración. En este mundo no todos somos iguales, hay profesores y hay alumnos, hay padres y hay hijos, hay empresarios y asalariados, hay directores de orquesta y segundos violines, hay ministros y hay ordenanzas. Y un orden social viable radica en que cada cual sea tratado como lo que es y cumpla competentemente con su cometido porque en el momento en que se implanta la nivelación hacia abajo, aparece la miseria y el caos y las subsecretarias se caen por el hueco del ascensor. La plebeyez, por supuesto, no está ligada necesariamente a una renta más saneada o más modesta  o a una titulación académica más alta o más rudimentaria. La plebeyez es un estado del espíritu y desde esta perspectiva la ministra Aguilar es una irrecuperable y vulgar plebeya. 

                                          

LECCIONES DE UN TRIUNFO

En plena euforia por el gran éxito de España en Johannesburgo, muchos comentaristas han realizado acertados análisis del significado de esta victoria, histórica sin duda en los anales del deporte de nuestro país. El propio entrenador de la selección ha señalado con tino que su hazaña no hubiera sido posible sin el espíritu de unión que ha reinado entre los jugadores y que sería magnífico que análoga disposición existiese entre el conjunto de los españoles. En efecto, son varias y notables las enseñanzas a extraer del Campeonato del Mundo de fútbol en relación con la crisis que atravesamos. Hoy España se encuentra dividida, arruinada y desmoralizada mientras contempla con consternación el deterioro acelerado de sus instituciones. El fulgurante relámpago que nos ha iluminado desde Sudáfrica provocando el entusiasmo desbordante de millones de nuestros compatriotas que se han desparramado por calles y plazas ondeando banderas y coreando eslóganes de autoafirmación, no ha de ser vivido como una fugaz inyección colectiva de adrenalina para esfumarse en pocos días devolviéndonos a la dureza de las calamidades que sufrimos. Por el contrario, nos hemos de fijar muy seriamente en los factores que lo han encendido e interiorizarlos con carácter permanente. En primer lugar, la unidad, la cohesión, la asunción sin reservas de formar un equipo en el que cada uno trabaja para los demás y los demás para cada uno, sin particularismos ni egoísmos ni divismos. En segundo, el esfuerzo, la perseverancia y el sacrificio, plasmados en numerosas horas dedicadas al entrenamiento, al estudio de las tácticas y a la preparación física. En tercer término, la autoridad, reconocida sin excepción por todo el vestuario a Vicente del Bosque, que ha ejercido su liderazgo con serenidad y conocimiento, porque ha sido fruto de la experiencia y de la dedicación. En cuarto, la pasión, el coraje y la convicción de luchar por una causa que merecía la pena y que se situaba por encima de los intereses personales de los jugadores o corporativos de los clubes. Cabe imaginar cuál sería la posición de España en Europa y en el planeta en general si nuestra clase política hubiera practicado estas virtudes y se hubiera movido bajo el impulso de los valores que han inspirado a los veintitrés hombres que se han dejado el alma y el cuerpo defendiendo sobre el césped con entrega y orgullo a su gran Nación. Si en vez de caer en la venalidad más abyecta y en el despilfarro más irresponsable, hubiesen administrado la riqueza común con honradez y eficiencia, si en lugar de excitar el apego a las diferencias que separan hubiesen puesto el acento en lo mucho y trascendente que nos hermana, si lejos de prometer a la sociedad un camino de facilidad y de satisfacción inmediata de toda suerte de derechos, le hubieran recordado la necesidad de cumplir con sus deberes y de concentrarse en el trabajo, en el ahorro y en el afán de superación, si, en fin, se hubiesen comportado como hombres y mujeres decentes al servicio de sus conciudadanos y no como una casta depredadora y oportunista atenta sobre todo al beneficio para sí mismos y para sus partidos, ahora contemplaríamos el presente con tranquilidad y el futuro con confianza. Esa es la poderosa lección a aprender del merecido triunfo de nuestra selección nacional de fútbol en esta hora oscura de nuestra Historia, ese es el ejemplo a seguir si queremos salir del pozo fangoso en el que chapoteamos sin rumbo ni destino.                                                                    

PROFANACIÓN

Las imágenes publicadas ayer martes en este periódico, extraídas de la página web de la Generalidad de Cataluña “Sexo jóvenes”, han provocado la estupefacción y la indignación de millones de nuestros conciudadanos que jamás hubieran sospechado que semejantes barbaridades pudieran ser perpetradas por una Administración pagada con el dinero de sus impuestos. Algunos de los contenidos de esos videos de dibujos animados producen arcadas y oscilan entre el sadismo, la pedofilia y el género de terror. El hecho de que los poderes públicos se consideren legitimados para privar a la gente del derecho de propiedad, de conciencia, de libre asociación, de libre expresión o de culto es ya una reliquia del pasado. Nadie en su sano juicio se atreve hoy a defender que el Estado sea el dueño absoluto de los medios de producción o que pueda imponer una determinada creencia o prohibir una religión concreta. Estas aberraciones sólo suceden en Irán, Cuba o Corea del Norte, últimos reductos de ideologías monstruosas contrarias a la naturaleza humana y causantes de los mayores horrores. Sin embargo, en una parte del territorio español, en un Estado-Miembro de la Unión Europea, donde la protección del menor es un eje principal de la política social, un gobierno de pervertidos se atribuye la potestad de apoderarse de la mente y la sensibilidad de los adolescentes para corromperlos con absoluta impunidad bajo el pretexto de educarles. Una oferta audiovisual propia de una comercializadora de pornografía corre así a cargo del Departamento de Salud Pública de una Comunidad Autónoma en manos no se sabe si de insensatos o de viciosos. El espacio de la sexualidad de nuestros hijos no debe ser invadido por ningún político y una mayoría parlamentaria no legitima para usurpar a los padres su inalienable facultad de orientar y educar a su prole en asuntos altamente sensibles en términos morales y con graves implicaciones para el equilibrio psíquico y la trayectoria vital de los hombres y mujeres del mañana. Lo que el tripartito montillesco en general  y su Consejera de Salud en particular han llevado a cabo es peor que una aberración, desborda los límites del asco, se trata de una sucia, pútrida y brutal profanación.

 

 

                                                        Aleix Vidal-Quadras

LA AGONÍA COMO MEJORÍA

El Gobierno ha mostrado su satisfacción ante la buena noticia de que el pasado mes de marzo el número de nuevos parados registrados en las Oficinas de Servicios Públicos de Empleo sólo ha sido sólo de 36000, en favorable contraste con los 123000 del mismo mes del año anterior. Esta evolución a la baja de los perceptores del subsidio de desempleo ha provocado el alborozo de la Secretaria General del ramo, cuyo nombre de pila no en vano es Maravillas. Lo que doña Prodigios no tiene en cuenta es que el volumen de personas sin trabajo no es una cantidad de significado puramente lineal y que a medida que crece, sus posibilidades de seguir creciendo son menores. Un símil médico puede ayudar a la señora Albricias a comprender este fenómeno. Cuando un enfermo tiene fiebre y empieza por pasar de 36.5° a 39° la cosa va mal. Si su temperatura sigue al alza hasta 40°, el asunto se pone más feo. Y si se produce un cambio de 40° a 40.5°, seguramente lo pasarán a la UCI. Pues bien, nuestra inefable Secretaria General diría ante semejante cuadro clínico: el equipo facultativo desea expresar su alegría porque ayer el incremento de temperatura del ingresado fue de 2.5° mientras que hoy ha sido solamente de 0.5°, lo que demuestra que avanzamos felizmente hacia la curación. Obviamente, el desenlace de la historia es el fallecimiento del pobre inquilino hospitalario, eso sí, acompañado de los parabienes de sus cuidadores por la esperanzadora marcha del termómetro. Es sorprendente que un responsable público del nivel de la señora Rojo pueda presentarse ante las cámaras y los micrófonos y demostrar sin ningún tipo de rebozo que considera al resto de sus conciudadanos débiles mentales. Otra posibilidad es que ella crea de verdad en su seráfica interpretación de los acontecimientos, pero si así fuese estaríamos ante un caso que la caridad cristiana me impide calificar. 

                                                                     

SOCIALISMO Y PLACER

 El presidente de la Junta de Extremadura es médico y que se sepa es una persona equilibrada y sensata, sin que se le conozcan tendencias perversas o vicios oscuros. Sin embargo, seguramente a sus espaldas, la Consejería de Juventud y Deporte de su gobierno organizó el pasado otoño unos talleres de educación sexual dirigidos a adolescentes de entre catorce y diecisiete años para iniciarlos en al arte de la masturbación, es decir, para fomentarla. A tan interesante fin se dedicaron 14000 euros del sufrido contribuyente y se contrataron monitoras -¿por qué no también monitores?- que debidamente provistas de aceites lubricantes y juguetes sexuales diversos instruyeron a sus alumnos en las técnicas clásicas y modernas de la autosatisfacción venérea. El Sindicato Manos Limpias, una vez recuperado de la incredulidad que le produjo semejante programa educativo, presentó una denuncia por malversación, corrupción de menores y ataque a la integridad moral. Por supuesto, la Fiscalía Superior autonómica ha archivado el caso por no apreciar indicios de delito, en lo que no va errada porque más que un delito este episodio constituye una muestra de enajenación mental de sus organizadores. En efecto, si se hubiera tratado de una terapia inspirada en la escuela de Wilhelm  Reich dirigida a pacientes con problemas psicológicos derivados de una represión sexual patológica no parece que la Consejería de Juventud y sobre todo de Deporte fuera la instancia pública adecuada para administrarla, si nos encontramos ante una actividad ofrecida a muchachos y muchachas sanos y normales entonces quién necesita urgentemente tratamiento es el consejero.  El socialismo antiguo se centraba en colectivizar la propiedad, o sea en generalizar la miseria, el post-moderno se dedica a diseminar la imbecilidad para ganar votos. El imaginativo equipo que se ocupa de la política sobre jóvenes en la Junta extremeña debería saber que un taller de iniciación a la masturbación para pupilos de secundaria equivale a una escuela de introducción a la ingestión de carne para tigres de Bengala y que gastar dinero público en idioteces no es recomendable, especialmente en tiempos de déficit galopante. La conclusión es que lo peor del período zapateril no es que arruine y descuartice a España, sino que pretenda transformarla en un gigantesco manicomio. 

                                                                       

VIDA O MUERTE

 El número de abortos en España se ha duplicado en la última década, superando ampliamente los cien mil en la actualidad. En paralelo, muchas parejas se entregan a costosos y largos procedimientos para adoptar niños en Asia, África o Iberoamérica. La ley vigente desde 1985 jamás se ha aplicado con el debido rigor y en realidad ha sido un coladero que ha llevado a las mayores atrocidades cometidas en clínicas privadas que han hecho de la eliminación de criaturas en gestación un siniestro y rentable negocio. La respuesta del gobierno zapateril ha sido una reforma normativa en virtud de la cual el aborto es libre y a cargo de la sanidad pública en las primeras catorces semanas de embarazo, período que se puede extender a veintidós en determinados supuestos. Ante un problema que agobia a un gran número de mujeres todos los años, el socialismo en el poder ha optado por la vía más fácil y más inhumana. Si se encuentra usted, querida amiga, en dificultades porque espera un niño, el Estado la ayuda a desembarazarse de esta molestia y aquí paz y después gloria. Resulta llamativo que una fuerza política que pretende defender a ultranza los derechos de las mujeres, no haya contemplado en ningún momento ante el drama que representan tantos nacimientos truncados la posibilidad de poner en marcha políticas activas de apoyo a las mujeres gestantes que atraviesan situaciones de dificultad o desamparo. Políticas en el campo educativo, laboral y social, que en lugar de empujar a las madres en potencia a renunciar a serlo, las ayude a traer a este mundo a sus hijos. El Partido Popular ha anunciado la presentación de una proposición de ley en este sentido y es de esperar que la izquierda progresista se sume a ella dado que nada hay más impulsor del progreso y más solidario que salvar de un destino fatal a miles de incipientes seres humanos indefensos. Si, de acuerdo con las tesis del feminismo radical, abortar es un derecho, por una simple razón de elemental simetría también tener hijos ha de serlo, con la diferencia de que el primer derecho violenta la naturaleza de la mujer y el segundo la respeta. A la hora de elegir entre favorecer la vida o allanar el camino de la muerte, izquierda, centro y derecha, creyentes y no creyentes, hombres y mujeres de cualquier ideología o condición, han de inclinarse sin duda por la vida. Si gastamos enormes sumas en aliviar la suerte de los parados, de los mayores, de los enfermos y de los discapacitados, esfuerzo loable que hace de los españoles una sociedad compasiva, justa y civilizada, no parece lógico dejar abandonados a su suerte a semejantes nuestros en la etapa de su existencia en que únicamente nuestra protección puede garantizarles el más fundamental de los dones, que es emerger de la nada para abrir los ojos al misterio inagotable del universo.