ALEMANIA NO ABRE LA BOLSA
No son pocas las voces que desde los atribulados países del sur de Europa claman por que Alemania relaje su política de extrema ortodoxia presupuestaria y se lance a estimular la demanda mediante grandes inversiones en infraestructuras, en educación, en sanidad, en defensa y en otros programas de gasto. En definitiva, ya que la locomotora europea está en perfecta forma con cuentas públicas saneadas, evolución positiva del PIB, altas tasas de empleo y prima de riesgo prácticamente negativa, se le pide que tire del tren con mayor brío y entusiasmo, ayudando así a sus socios comunitarios prisioneros de la recesión. Al fin y al cabo, se razona, la inestabilidad de la zona euro es también un problema grave para la economía alemana y si al final la moneda común colapsa, Alemania será la primera perjudicada. Estos cantos de sirena keynesiana resultan inútiles ante la firme determinación germana de mantener su línea de austeridad y conseguir déficit cero en 2016. Lo que los gobernantes italianos, españoles, portugueses y griegos han de entender es que el Bundesbank y la señora Merkel, con el beneplácito de su ciudadanía, han fijado de manera inconmovible la terapia a aplicar para colocarles en la senda virtuosa del equilibrio fiscal y las reformas estructurales. Su planteamiento es tan simple como severo: sólo el verdadero sufrimiento hará que los pródigos meridionales se disciplinen, trabajen, sean competitivos, ahorren, estudien e inviertan. Se trata de la vieja receta de “la letra con sangre entra”, de probada eficacia en las escuelas anteriores a la LOGSE. Los alemanes guardan tres recuerdos históricos que explican su actual devoción por la Virgen del Puño, a saber, la crueldad de Francia y el Reino Unido en sus exigencias de compensaciones tras la Gran Guerra, el estancamiento que sufrieron en los setenta del pasado siglo coincidiendo con una política fiscal muy expansiva y el escaso rendimiento obtenido del billón de euros que trasvasaron a la Alemania del Este a partir de la reunificación. Su condición de gatos escaldados respecto a las alegrías presupuestarias les lleva hoy a imponer sin miramientos su modelo puritano al resto de socios comunitarios. Por tanto, éstos pierden su tiempo si esperan un cambio de actitud de Berlín, que les mantendrá sometidos a un monacal régimen de lentejas, que o las tomas o las dejas. Y si elevan el tono de su queja la respuesta que recibirán será irrefutable: no os lamentéis, que es por vuestro bien.
Aleix Vidal-Quadras
Esta entrada ha sido enviada el 11. Enero 2012 a 13:56 y ha sido registrada en Unión Europea, Economía. A través del RSS 2.0 feed podrá acceder a las respuestas. Puede dejar una respuesta o realizar el trackback desde su sitio web.
11. Enero 2012 en 15:15
Estimados todos,
Alemania es un país serio y orgulloso de sus virtudes. También es muy consciente de sus errores históricos. Deberíamos alegrarnos de tenerlos cerca.
Schöne Grüsse
Venancio
11. Enero 2012 en 16:39
…los alemanes son muy severos ahora. Cuando era suya la recesión, nos forzaron a todos a una temeraria y contraproducente política de bajos tipos de interés. Donde ahora hay severidad con los demás entonces para su causa todo era laxitud y justificaciones… Algo que tiene mucho que ver con la grave situación en la que nos encontramos ahora.
Si el equilibrio fiscal y la ortodoxia financiera hubiese sido una exigencia del resto de la UE en plena recesión alemana se podrían aceptar sus lecciones de supervivencia, de haber superado el desafío, a pecho descubierto. Pero lo superaron gracias a la complicidad de sus socios, que asumieron muchos riesgos, y no gracias a sus méritos.
Todo lo cual no significa que los descuadres de los países meridionales – y del RU- no deban ser corregidos. Pero el modelo burocrático y antieconómico europeo ha pasado a la historia.
11. Enero 2012 en 19:10
Dicho de otro modo: los alemanes son capaces, y, por tanto, no son tontos. Nosotros, en cambio, somos capaces, pero hemos tenido un Gobierno de imbéciles.
11. Enero 2012 en 20:23
Hay que construir una verdadera Unión fiscal y financiera Europea. Que nadie piense que esto es una disputa entre naciones: ricas vs. pobres, exportadoras vs. turísticas, saneadas vs. corruptas.
Lástima que tenga que ser Alemania, a base de ovarios teutones, la que imponga el equilibrio fiscal y las reformas estructurales a la zona euro.
Ésta era, claramente, la responsabilidad del parlamento europeo. ¿De qué sirven 751 diputados, +4000 funcionarios, +30 salas de reunión, +2500 despachos y +1000 millones de presupuesto institucional?.
Qué pasa, ¿que los 300 eurodiputados antikeynesianos no pueden convencer a los 200 keynesianos y, de paso, a todos los ciudadanos europeos?; ¿o es que uno va a Estrasburgo a dormir la siesta?.
Saludos,
Antonio.
12. Enero 2012 en 12:11
En Alemania, país normal en el que las leyes se cumplen, nadie está ni se sabe por encima de las mismas. Muy simple, quien la hace o lo intenta, la paga; quien se pasa de listo, acaba ante los tribunales; quien quiera atentar contra la integridad (territorial, social, jurídica…) de la República Federal, muy simple: tiene a la policía detrás del cogote muy vigilante y tiene PROHIBIDO el defender tales ideas y si aún se empeña, acaba en la cárcel.
Alemania, su ley fundamental, NO TOLERA que nada ni nadie ponga en peligro su pervivencia. Nadie en su sano juicio discute la unidad de la nación alemana.
En Alemania, su clase política, se hace dimitir con rapidez y sin contemplaciones a todos aquellos de los que se sospeche puedan estar no limpios, sea corrupción, trinque, compadreo, fraude, pecuniario o no. No hay impunidad con nadie; todo se someten a la ley. Y no sólo no se tolera la suciedad sino incluso el no parecer limpio.
Ahora piensen en España… y tras ello saquen conclusiones.
12. Enero 2012 en 12:53
Alemania, sigamos con el ejemplo, DEVUELVE competencias al gobierno federal cuando se percibe que los Landërn no son el estamento más adecuado para su ejecución. Alemania NO duplica competencias sino que simplifica y así reduce el gasto. Alemania, efectivamente tiene una segunda cámara legislativa, el BundesRat, que sí que actúa como verdadera cámara territorial, además de un único sistema fiscal y un único derecho común, apliclable y en vigor en TODO el territorio. Alemania disfruta de un distrito ÚNICO universitario, un único sistema sanitario y una única caja de seguridad social. Alemania NO tiene un único idioma, de hecho todos y cada uno de sus rincones habla su propio alemán, con diferencias dialectales que hacen prácticamente incomprensible el habla de un lugar con otro. Mas no obstante, TODOS recurren al idioma común, el llamado HochDeutsch, única lengua vehicular en la administración, la justicia, la enseñanza… Nadie pierde el alma por separar lo que a todas luces ha de ser inseparable. En Alemania sí hay auténtica independencia judicial, el Alto Tribunal constitucional de Karlsruhe es siempre escuchado, respetado. No hay decisión de dicho Tribunal que no sea cumplida A RAJATABLA por todos y cada uno de los Land que componen la república federal. Alemania disfruta, también, de una ley electoral proporcional, CORREGIDA y diseñada para no dar mayor representación a aquellos que NO han de tenerla, a diferencia del caso español.
Sí, sin dudarlo, yo quiero que copiemos a Alemania en casi todo… alcanzaríamos ser un país… tal vez normal.
12. Enero 2012 en 20:06
Lo que también recuerdan en Alemania es la hiperinflación, la descomposición de la economía y los 20 millones de muertos que tuvieron no mucho más tarde.
Cuando Adolf Hitler lanzó el putsch del 8 de Noviembre de 1923, el precio de la cerveza se les acababa de multiplicar por 1000 en un año en el Bürgerbräukeller. ¡Como para dar un golpe de Estado, con las cervezas que hay en Baviera!
Por otro lado, los buenos resultados de la política de control de la inflación del Bundesbank en la segunda parte del siglo XX son incontestables.
No hace mucho le comentaron a don Alejo, en la tertulia de los domingos en la radio (Intereconomía Radio: Los últimos de Filipinas), que la moneda fiduciaria es un instrumento para políticos: Se endeudan sin control, imprimen moneda (toda la que quieren) para “pagar”, disparan la inflación, destruyen los ahorros de la clase media, aniquilan el ahorro en general, lo que corta la inversión y la creación de empleo. Las consecuencias han quedado a la vista en distintas épocas y países: Inflación y paro a la vez, un fenómeno desconocido para los primeros pensadores económicos keynesianos.
Es lo que invalidó el keynesianismo. Se lo debemos a Hayek y Friedman.
Esperemos que los alemanes no cedan. Los que tengamos ahorros modestos le deberemos nuestra pensión (privada únicamente, claro) al… ¡Bundesbank!
Mit herzlichen Grüßen,
Heinrich
13. Enero 2012 en 12:26
!Este blog está de un germanófilo subido!
Saludos
Wenancio