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LECCIONES DE UN TRIUNFO
En plena euforia por el gran éxito de España en Johannesburgo, muchos comentaristas han realizado acertados análisis del significado de esta victoria, histórica sin duda en los anales del deporte de nuestro país. El propio entrenador de la selección ha señalado con tino que su hazaña no hubiera sido posible sin el espíritu de unión que ha reinado entre los jugadores y que sería magnífico que análoga disposición existiese entre el conjunto de los españoles. En efecto, son varias y notables las enseñanzas a extraer del Campeonato del Mundo de fútbol en relación con la crisis que atravesamos. Hoy España se encuentra dividida, arruinada y desmoralizada mientras contempla con consternación el deterioro acelerado de sus instituciones. El fulgurante relámpago que nos ha iluminado desde Sudáfrica provocando el entusiasmo desbordante de millones de nuestros compatriotas que se han desparramado por calles y plazas ondeando banderas y coreando eslóganes de autoafirmación, no ha de ser vivido como una fugaz inyección colectiva de adrenalina para esfumarse en pocos días devolviéndonos a la dureza de las calamidades que sufrimos. Por el contrario, nos hemos de fijar muy seriamente en los factores que lo han encendido e interiorizarlos con carácter permanente. En primer lugar, la unidad, la cohesión, la asunción sin reservas de formar un equipo en el que cada uno trabaja para los demás y los demás para cada uno, sin particularismos ni egoísmos ni divismos. En segundo, el esfuerzo, la perseverancia y el sacrificio, plasmados en numerosas horas dedicadas al entrenamiento, al estudio de las tácticas y a la preparación física. En tercer término, la autoridad, reconocida sin excepción por todo el vestuario a Vicente del Bosque, que ha ejercido su liderazgo con serenidad y conocimiento, porque ha sido fruto de la experiencia y de la dedicación. En cuarto, la pasión, el coraje y la convicción de luchar por una causa que merecía la pena y que se situaba por encima de los intereses personales de los jugadores o corporativos de los clubes. Cabe imaginar cuál sería la posición de España en Europa y en el planeta en general si nuestra clase política hubiera practicado estas virtudes y se hubiera movido bajo el impulso de los valores que han inspirado a los veintitrés hombres que se han dejado el alma y el cuerpo defendiendo sobre el césped con entrega y orgullo a su gran Nación. Si en vez de caer en la venalidad más abyecta y en el despilfarro más irresponsable, hubiesen administrado la riqueza común con honradez y eficiencia, si en lugar de excitar el apego a las diferencias que separan hubiesen puesto el acento en lo mucho y trascendente que nos hermana, si lejos de prometer a la sociedad un camino de facilidad y de satisfacción inmediata de toda suerte de derechos, le hubieran recordado la necesidad de cumplir con sus deberes y de concentrarse en el trabajo, en el ahorro y en el afán de superación, si, en fin, se hubiesen comportado como hombres y mujeres decentes al servicio de sus conciudadanos y no como una casta depredadora y oportunista atenta sobre todo al beneficio para sí mismos y para sus partidos, ahora contemplaríamos el presente con tranquilidad y el futuro con confianza. Esa es la poderosa lección a aprender del merecido triunfo de nuestra selección nacional de fútbol en esta hora oscura de nuestra Historia, ese es el ejemplo a seguir si queremos salir del pozo fangoso en el que chapoteamos sin rumbo ni destino.
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14. Julio 2010 en 10:30
Estimado profesor,
se olvida usted de una quinta lección a extraer del resultado de la copa del mudo. Y es la de la estricta necesidad de implantar en nuestra democracia una real meritocracia. No hablo de sustituir una por otra, sino de entrelazar ambas con mecanismos que impidan que los mediocres sean los que lleguen al poder. ¿Se imagina alguien una selección de futbolistas hecha con criterios autonómicos, o de cuotas (femeninas, gays, 0.7, los de pueblo vs los de ciudad, altos/bajos), o de servilismo al lider? Pues en facetas mas importantes de la vida, eso es lo que tenemos.
saludos
Venancio Buesa
14. Julio 2010 en 18:59
Certero y muy a propósito por lo que ocurre mas yo no hubiera olvidado señalar que con todo y tras la explosión de júbilo en toda España… acaso no es, también, una señal de alarma el hecho de que nos reconozcamos como lo que somos, españoles, en contadas ocasiones, casi todas, indefectiblemente, girando alrededor de un balón… ¿por qué cuesta tanto ondear la bandera del país de uno? ¿por qué es difícil vivir en este país nuestra condición de ciudadanos del mismo tal y como hacen nuestros vecinos en sus países?
Sin dudarlo un momento, ese nefasto Título VIII de nuestra constitución, ese que regula el Estado de las Autonomías… cada día que pasa se me hace más “antipático”. Y así, pese ser campeones del mundo, envidio, cada día más, a nuestros vecinos franceses o portugueses; ellos no tienen ninguna dificultad ni tabú en proclamarse nacionales de sus países con toda naturalidad, sin copas del mundo, ni “Rojas” ni “tiqui-tacas” ni nada.
15. Julio 2010 en 09:04
Tras leer gran parte del debate sobre el Estado de la Nación anoche, saco la conclusión siguiente: el que nadie en la jefatura del gobierno sepa cómo han de hacerse los deberes no es problema. ZP sigue empecinado en su absoluta ignorancia y aplica la teoría de que lo que importa es el talante y, por supuesto, ponerle peros a su gestión es fascista.
En fin, así nos va… ¡Ay Señor! ¡¡Llévatelos pronto!!
18. Julio 2010 en 20:05
No nos engañemos. Gran parte de los españoles se lanzaron a animar y a festejar el triunfo de la selección en el mundial de fútbol del mismo modo que otro grupo, menos numeroso, lamentó profundamente la victoria, que fueron los nacionalistas, los cuales incluso habían organizado campañas en Facebook y otros medios contra del equipo español, alentando a festejar la victoria de los equipos contrarios. Nada nuevo. No hay conflicto entre españoles, hay conflicto entre nacionalistas y no nacionalistas.
Cuando Pajin dijo después de ganar la copa que “España ha estado unida, desde la pluralidad, en un mismo sentimiento, en un mismo país”, añade la morcilla de “desde la pluralidad” porque esa es la concesión al nacionalismo. La pluralidad de nacionalidades quiere decir, obviando que la pluralidad de los países viene de la pluralidad de sus individuos y no de los coros y danzas de sus regiones o sus naciones. Lo mismo que ensalzan la “riqueza de nuestra pluralidad”, que es tanta riqueza que nos ha llevado a la ruina y nos va a dejar más flacos que a los piojos de una peluca.