UN DÍA EN SAN PETERSBURGO

Tecleo este texto tras una visita de nueve horas a la antigua capital de los autócratas rusos, la grandiosa ciudad fundada por Pedro el Grande, en la que el ancho caudal del Neva es espejo de las moles de los palacios y los templos levantados a lo largo de trescientos años por una sucesión de monarcas absolutos pletóricos de riqueza y ansiosos de gloria. El mundo abunda de ciudades hermosas, pero pocas son leyendas encarnadas en piedra. San Petersburgo pertenece a esa rara especie en la que también nos asombran Venecia, Istambul o Roma. La vasta geometría de canales, puentes y cúpulas doradas desgrana un relato de poder, de sangre y de excesos suntuosos que ha cristalizado en una irrepetible acumulación de belleza. Un rápido recorrido por las inmensas salas del Hermitage reduce las residencias reales de las otras monarquías bálticas a la categoría de casitas burguesas. Se ha calculado que un examen de treinta segundos de cada una de las piezas expuestas, cuadros, esculturas, porcelana, plata, mobiliario, repartidas por el inacabable ajedrez de los suelos del antiguo Palacio de Invierno requeriría diez años para un observador inasequible a la fatiga. Teniendo en cuenta que el material a la vista representa menos del diez por ciento del total acumulado en los depósitos del recinto, uno se hace una idea de la fiebre coleccionista de los Romanov, mantenida durante siglos de adquisiciones sin freno y de encargos fastuosos. El despliegue de mármol, de malaquita, de lapislázuli, de pavimentos de afiligranada y noble madera, de piedras y metales preciosos, que envuelve las telas cubiertas de inmortalidad por los pinceles más excelsos de Occidente nos empequeñece a la vez que nos exalta porque al fin y cabo fueron seres humanos los que hicieron posible tal prodigio. Unos, por millones, sudando sobre la tierra de las dilatadas planicies del imperio para producir lo recursos necesarios, otros, por centenares, para crear las obras maestras que hoy reunidas nos sobrecogen, y un poco más de una docena que sentados en su trono se entregaron con absorbente pasión a acumular este legado ingente. Existe un episodio en el devenir de San Petersburgo que resulta aleccionador. La imponente iglesia de estilo neobizantino llamada de la Sangre Derramada, una maravilla de mosaico multicolor que eleva serenísima sus exquisitos domos hacia un cielo casi siempre gris, fue destinada durante el período soviético a almacenar patatas. De esta forma zafia y sacrílega, los jerarcas comunistas quisieron ejemplificar la llegada de una nueva era que alumbraría la sociedad perfecta, el rotundo triunfo de la certeza de la materia sobre el inasible misterio del espíritu. Como es lógico, un tratamiento tan degradante causó graves daños a este singular centro de culto. En la actualidad, la ideología marxista, sus crímenes atroces y sus fracasadas profecías, yacen arrumbadas y polvorientas en el desván de la Historia. En cambio, la iglesia de la Sangre Derramada, mandada construir por el zar Alejandro III en honor a su padre asesinado Alejando II, restaurada hasta devolverle todo su esplendor y disipado para siempre el denso tufo de tubérculo con el que una pandilla de paletos asesinos pretendió humillarla, flota en el aroma del incienso y exhibe imperturbable el justo triunfo de la civilización sobre la barbarie. 

 

 

                                                        Aleix Vidal-Quadras

7 respuestas para “UN DÍA EN SAN PETERSBURGO”

  1. Venancio Buesa dice:

    Estimado profesor,

    ¿Por qué escribe usted Istambul yno Estambul?

    ¿No le parece que de su escrito se podría deducir que a usted le preocupa mas (al menos en este artículo) el deterioro de un monumento que el sufrimiento de los millones que tuvieron que trabajar para construirlo?

    Muchas gracias por las respuestas

    V Buesa

  2. Bucan dice:

    El comunismo, el socialismo real, fue el mayor fracaso de los tiempos modernos que arrasó y arruinó a varias generaciones en la URSS y en los países satélites y cuyas consecuencias aún se están pagando. Pero no importa. En otros países occidentales todavía quedan legiones de tontiprogres declarándose socialistas o comunistas y ansiando volver a repetir la experiencia de que una pandilla de jetas, aúpados a la cúspide de la nomenclatura, les esclavize y les arruine otra vez.

    En cuanto al anterior comentario sobre el sufrimiento de los que trabajaron en construir esos monumentos, me parece evidente de que ya que sufrió gente para levantarlo, lo mínimo que podemos hacer actualmente es procurar que al menos ese sufrimiento sirva para algo y se conserve y no se destruya. A mi me parece que por ejemplo, las pirámides de Egipto, son un monumento a la estupidez, ese apilamiento de piedras demencial, pero no deja de ser algo de estética grandiosa y una fuente de recursos para los egipcios actuales gracias al turismo que genera. Desde luego, de una cosa estoy segura, yo no soy responsable de lo que sufrieran o dejaran de sufrir aquellas personas que transportaron y colocaron las piedras.

  3. Venancio Buesa dice:

    Mi estimado Bucan,

    estoy de acuerdo con usted. Yo creo que hay que conservar hasta el Valle de los caídos. Pero mi comentario tenía un interés pedagógico. !Toma ya! !Estaba tratando de corregir al dueño del blog!!

    Saludos cordiales

    Venancio

  4. Adolfo dice:

    Colijo de su texto que visitó el centro de San Petersburgo. Bien merece una visita, sí señor. El Hermitage, museo inevitable e insustituible, obvio. Los palacios alrededor del Neva, el acorazado, los puentes y enfrente la isla de Krondstadt… Sí, precioso, único, bello… Pero… qué me dice del panorama que uno se encuentra tan pronto se aleja de la “zona noble” de esa bonita ciudad. Esos horribles edificios, todos iguales, cayéndose en pedazos, tal cual ocurre con otra ciudad aún sometida al comunismo: La Habana. Sí, y no sólo el catastrófico estado del 80% de edificios y servicios de San Petersburgo. ¿acaso osó pararse en esos lugares y dar un paseo? ¿sabe que en un par de minutos vendrían los de la mafia local de ese barrio a ofrecerle “protección” por cruzar la calle?… ¿acaso no percibió la total ausencia de un estado, el que sea, ya no digo democrático siquiera, que ordene y cuide de sus ciudadanos? Mucho admiramos el centro de San Petersburgo o el centro de Moscú, desde el Kremlim hasta el final de la calle Arbat pero… y ¿qué hay del resto de todas las Rusias?… Esa Rusia profunda, en la que nada, absolutamente nada, ha cambiado desde los tiempos más glaciales del socialismo real… realmente embrutecedor, aniquilador, despótico, sangriento, sucio, cochambroso, gris y hambriento. Eso es Rusia por mucho Hermitage que tengamos por descubrir o por mucho millonario ruso de última hora que nos visite. Y de paso, y a un paso del Hermitage, qué tal darse una vuelta por un pueblecito de las afueras de San Petersburgo en dirección a Novgorod, Krasni-Bor, y pararse unos minutos en uno de los pocos cementerios militares españoles que tenemos allende nuestras fronteras, y rendirles un pequeño homenaje a nuestros caídos, aquellos idealistas que marcharon a Rusia en 1941 a devolverles la visita que sus comisarios políticos y brigadistas nos hicieron en tiempos de nuestra guerra civil. Aquel cementerio, con su monumento y cruces, bien merece un pequeño lavado de cara. Está que se cae. Además, también es memoria… de nuestra historia, de los nuestros.

  5. Adolfo dice:

    Otro ejemplo de lo poco que han cambiado las cosas en Rusia es que vale, de acuerdo, le cambiaron el nombre a la ciudad y recuperó su antiguo nombre anterior al comunismo, San Petersburgo. Pero pocos caen en el detalle que la provincia (oblast) en la que está San Petersburgo sigue llamándose oficialmente… cómo… qué… Leninsgradskaya Oblast!!! Es decir, ¡provincia de Leningrado! Sobran más palabras. Dicho en román paladino, cambiaron los collares pero siguen siendo los mismos… eso!

  6. María Luisa dice:

    Viva Don Alejo: todo lo que escribe es maravilloso

  7. Mª Rosario dice:

    Alejo, el enorme retrato de Nacho Duato ocupa media fachada del teatro Mijáilovski de San Petersburgo, su nueva casa. El coreógrafo valenciano debutó el 15 de marzo, frente a espectadores que gritaban entusiasmados “maravilloso”.

    http://comprarterrenosolarnavelocalpiso.blogspot.com/2011/03/nacho-duato-san-petersburgo-le-recibe.html

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