Archivo para Abril 2010

LÁGRIMAS DE COCODRILO

 La presidenta del Tribunal Constitucional ha despertado de su letargo y ha descubierto de repente que el órgano que encabeza está siendo objeto de una intolerable campaña de desprestigio. En su quejumbrosa alocución en el Club Siglo XXI hace dos días María Emilia Casas reclamó lealtad constitucional a todos los actores públicos como la mejor forma de garantizar una convivencia pacífica y ordenada. Aunque su protesta está plenamente justificada porque el ataque de los nacionalistas al Supremo Intérprete de nuestra Ley de leyes ha entrado ya en el terreno de la subversión, lo que debería preguntarse doña María Emilia es cuál ha sido su cuota de responsabilidad en la creación del clima irrespirable en el que nos debatimos. Nadie ignora quién ha pilotado los trabajos del Tribunal de forma que un asunto que se podría haber resuelto en seis meses si desde el principio hubiese designado al ponente adecuado, se ha arrastrado durante cuatro años provocando el escándalo y la irritación de la ciudadanía. Tampoco es un secreto quién ha insistido una y otra vez en presentar el borrador elaborado por Elisa Pérez Vera a sabiendas de que iba a naufragar al ser sometido a los sucesivos escrutinios del pleno del Tribunal. Y, por supuesto, ha quedado impresa en la retina de millones de españoles consternados la monumental bronca que ante los ojos implacables de las cámaras de televisión le propinó la Vicepresidenta del Gobierno en la tribuna de autoridades del desfile de la Fiesta Nacional de 2007 sin que la presidenta del Tribunal Constitucional mostrase ni un atisbo de dignidad cortando por lo sano semejante atropello a la separación de poderes. Para desempeñar ciertas magistraturas de especial responsabilidad hay que reunir determinadas condiciones de independencia de criterio, patriotismo, decoro y coraje que no están al alcance de cualquiera. Pero si se acepta un puesto de este nivel, es una obligación profesional y moral estar a la altura. María Emilia Casas ha de aplicarse a sí misma la exigencia de lealtad a la Constitución que les demanda a los demás, lealtad que en su comportamiento hasta este momento ha brillado por su ausencia. Pese a su lamentable trayectoria previa, le queda una última oportunidad de salvar los jirones de su maltrecha reputación que aún lleva adheridos al cuerpo. Debe convocar el pleno del Tribunal antes de que finalice mayo, poner a votación la propuesta que ya está ultimando el actual ponente, Guillermo Jiménez, y dictar de inmediato la correspondiente sentencia. Si continúa en su sinuosa y vacilante actitud prolongando una agonía de la institución que le ha sido encomendada, que es ya la agonía del sistema surgido de la Transición, sus lágrimas retóricas del pasado lunes serán lágrimas de cocodrilo, que no inspiran piedad ni simpatía, sino rechazo y  vergüenza ajena. 

                                                          

EL PARÁSITO GIGANTE

            Entre los años 2000 y 2008, la masa salarial de los empleados públicos creció un 60% en España frente a un 3% en Alemania. En cuanto al número de personas que trabajan para las distintas Administraciones experimentó un incremento en nuestro país en este mismo período de un 32%, lo que contrasta con el práctico estancamiento en el resto de la Eurozona. El salto de 65000 millones de euros destinados al Capítulo I en los presupuestos de 2000 a 124000 en los presupuestos de 2009 da una medida del descontrol al que hemos llegado en este ámbito. Cuando se produjo la Transición, el Estado español era políticamente y fiscalmente unitario y la descentralización era estrictamente administrativa. La nómina pública abarcaba entonces a 700000 asalariados, hoy pasan de 3000000. Y si hemos de ser sinceros, los servicios públicos de aquella época operaban de forma bastante satisfactoria. La gente utilizaba los medios de transporte, cobraba sus pensiones, escolarizaba a sus hijos y era atendida en los hospitales sin mayores problemas soportando la cuarta parte de los que ahora cobran cada mes de las arcas colmadas por el contribuyente. Se mire por donde se mire, la escandalosa hipertrofia del sector público no admite justificación en términos de eficiencia de gasto. La comparación con el sector privado aumenta la estupefacción. Desde el inicio de la crisis a mediados de 2007 hasta final de 2009, se han destruido en España 1500000 empleos a la vez que se creaban 135000 puestos de trabajo públicos. Pero eso no es todo.  En 2009, con una inflación del 0.8%, los sueldos de los funcionarios mejoraban en un 3.8%, mientras los privados descendían un promedio del 5.4%. Y en contra de la creencia generalizada, las remuneraciones en el sector público son un  50% más elevadas que en el privado. Un examen de la distribución de plantillas entre los tres niveles de la Administración ayuda a entender el fenómeno. Hace diez años las Comunidades Autónomas tenían 770000 funcionarios, en la actualidad han alcanzado la impresionante cifra de 1695000. Simultáneamente, las instancias centrales han mantenido invariable el número de sus efectivos. En cuanto a los poderes locales, han pasado de 480000 a 665000. O sea, que el engorde patológico lo han producido las Autonomías. El resultado de este dispendio aterrador ha sido una Nación fragmentada, un Estado debilitado y la progresiva radicalización de los partidos nacionalistas. Excelente negocio, sin duda. En una etapa en la que el déficit nos ahoga y nos arrastra a la ruina, es evidente que será imposible la reducción del 12% al 3% en el desequilibrio de las cuentas públicas en los próximos tres ejercicios sin aplicar drásticamente la tijera al tamaño descabellado de la Administración. Es imprescindible y urgente congelar los salarios de los funcionarios, amortizar un porcentaje apreciable de las plazas que queden vacantes por jubilación y podar sin piedad el frondoso árbol de cargos de confianza y de empresas públicas o parapúblicas que nos succionan la vida como sanguijuelas insaciables. Es mejor hacerlo a tiempo que obligados por la dura realidad cuando ya estemos desahuciados. O acabamos con este parásito descomunal o él acabará con nosotros. Advertido queda. 

                                                                      

SERÉIS COMO DIOSES: LA AGENDA IDEOLÓGICA DE LA IZQUIERDA POST-COMUNISTA

 

 

Puede consultarse la conferencia en http://www.vidal-quadras.com/o_files/conferenciateruel16042010.pdf

CHOPIN A TEMPO LENTO

  El  tremendo accidente aéreo de Katyn en el que han fallecido el presidente de la República polaca, su esposa, la cúpula militar del país, altos cargos del gabinete del Jefe del Estado, varios ministros, numerosos diputados y destacadas figuras de la vida cultural, social y académica de la nación más grande de Europa Oriental, ha conmocionado a la opinión pública de nuestro continente y ha infligido una nueva y terrible herida a uno de los pueblos europeos al que la Historia ha dejado ya demasiadas cicatrices. Polonia acumula siglos de tremendo sufrimiento y llegó a desaparecer del mapa, tragada por Rusia, Prusia y Austria, durante ciento veinte años. Más tarde, una vez recuperada su soberanía y su territorio, fue sucesivamente sojuzgada por la Alemania nazi y por la Rusia soviética, con una secuela espantosa de muerte y destrucción. Es por eso que los polacos parecen siempre desprender un aire trágico y poseen la fuerza sobrecogedora de los que saben que la línea que separa el ser de la nada es delgada e incierta. La ceremonia celebrada esta mañana en el hemiciclo del Parlamento en Bruselas en recuerdo de las víctimas de la reciente catástrofe ha destacado por su sobriedad y su serena belleza. Envuelto en un silencio denso, el presidente de la Eurocámara y  ex-primer ministro polaco, Jerzy Buzek, enfundado en un traje negro que contrastaba con la nieve venerable de su cabello, ha pronunciado una oración fúnebre cuya economía verbal y sinceridad impactante ha reflejado a la perfección la solemnidad del momento y la profundidad del dolor de cuarenta millones de sus compatriotas. Las fotografías de los desaparecidos han ido apareciendo en dos grandes pantallas mientras una sucesión de diputados polacos leía sus nombres y una fila de niños y preadolescentes de esa nacionalidad giraba en torno a un búcaro en el que depositaban a cada evocación una rosa de desolada blancura. Al término de la lista se ha guardado un minuto más de emocionado silencio y un piano oculto ha desgranado con majestuosa parsimonia, como si depositara cada nota en la eternidad, la Marcha Fúnebre por antonomasia. Ya en el camino de salida me he acercado a Jerzy Buzek para abrazarle y me ha dicho unas palabras capaces de pulverizar cualquier tentación euroescéptica: “Alejo, Europa existe, Europa está aquí esta mañana. Hemos de seguir trabajando para que siga adelante” Y en este momento una imagen que durante el acto ha impresionado mi retina me ha venido a la mente como un relámpago revelador, la de varios diputados que no podían contener los sollozos, desbordados por la magnitud de la pérdida. Eran diputados alemanes. En efecto, Europa por fin existe y no hemos de permitir que nadie nos la arrebate.                                                                         

LA AGONÍA COMO MEJORÍA

El Gobierno ha mostrado su satisfacción ante la buena noticia de que el pasado mes de marzo el número de nuevos parados registrados en las Oficinas de Servicios Públicos de Empleo sólo ha sido sólo de 36000, en favorable contraste con los 123000 del mismo mes del año anterior. Esta evolución a la baja de los perceptores del subsidio de desempleo ha provocado el alborozo de la Secretaria General del ramo, cuyo nombre de pila no en vano es Maravillas. Lo que doña Prodigios no tiene en cuenta es que el volumen de personas sin trabajo no es una cantidad de significado puramente lineal y que a medida que crece, sus posibilidades de seguir creciendo son menores. Un símil médico puede ayudar a la señora Albricias a comprender este fenómeno. Cuando un enfermo tiene fiebre y empieza por pasar de 36.5° a 39° la cosa va mal. Si su temperatura sigue al alza hasta 40°, el asunto se pone más feo. Y si se produce un cambio de 40° a 40.5°, seguramente lo pasarán a la UCI. Pues bien, nuestra inefable Secretaria General diría ante semejante cuadro clínico: el equipo facultativo desea expresar su alegría porque ayer el incremento de temperatura del ingresado fue de 2.5° mientras que hoy ha sido solamente de 0.5°, lo que demuestra que avanzamos felizmente hacia la curación. Obviamente, el desenlace de la historia es el fallecimiento del pobre inquilino hospitalario, eso sí, acompañado de los parabienes de sus cuidadores por la esperanzadora marcha del termómetro. Es sorprendente que un responsable público del nivel de la señora Rojo pueda presentarse ante las cámaras y los micrófonos y demostrar sin ningún tipo de rebozo que considera al resto de sus conciudadanos débiles mentales. Otra posibilidad es que ella crea de verdad en su seráfica interpretación de los acontecimientos, pero si así fuese estaríamos ante un caso que la caridad cristiana me impide calificar. 

                                                                     

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