VIDA O MUERTE

 El número de abortos en España se ha duplicado en la última década, superando ampliamente los cien mil en la actualidad. En paralelo, muchas parejas se entregan a costosos y largos procedimientos para adoptar niños en Asia, África o Iberoamérica. La ley vigente desde 1985 jamás se ha aplicado con el debido rigor y en realidad ha sido un coladero que ha llevado a las mayores atrocidades cometidas en clínicas privadas que han hecho de la eliminación de criaturas en gestación un siniestro y rentable negocio. La respuesta del gobierno zapateril ha sido una reforma normativa en virtud de la cual el aborto es libre y a cargo de la sanidad pública en las primeras catorces semanas de embarazo, período que se puede extender a veintidós en determinados supuestos. Ante un problema que agobia a un gran número de mujeres todos los años, el socialismo en el poder ha optado por la vía más fácil y más inhumana. Si se encuentra usted, querida amiga, en dificultades porque espera un niño, el Estado la ayuda a desembarazarse de esta molestia y aquí paz y después gloria. Resulta llamativo que una fuerza política que pretende defender a ultranza los derechos de las mujeres, no haya contemplado en ningún momento ante el drama que representan tantos nacimientos truncados la posibilidad de poner en marcha políticas activas de apoyo a las mujeres gestantes que atraviesan situaciones de dificultad o desamparo. Políticas en el campo educativo, laboral y social, que en lugar de empujar a las madres en potencia a renunciar a serlo, las ayude a traer a este mundo a sus hijos. El Partido Popular ha anunciado la presentación de una proposición de ley en este sentido y es de esperar que la izquierda progresista se sume a ella dado que nada hay más impulsor del progreso y más solidario que salvar de un destino fatal a miles de incipientes seres humanos indefensos. Si, de acuerdo con las tesis del feminismo radical, abortar es un derecho, por una simple razón de elemental simetría también tener hijos ha de serlo, con la diferencia de que el primer derecho violenta la naturaleza de la mujer y el segundo la respeta. A la hora de elegir entre favorecer la vida o allanar el camino de la muerte, izquierda, centro y derecha, creyentes y no creyentes, hombres y mujeres de cualquier ideología o condición, han de inclinarse sin duda por la vida. Si gastamos enormes sumas en aliviar la suerte de los parados, de los mayores, de los enfermos y de los discapacitados, esfuerzo loable que hace de los españoles una sociedad compasiva, justa y civilizada, no parece lógico dejar abandonados a su suerte a semejantes nuestros en la etapa de su existencia en que únicamente nuestra protección puede garantizarles el más fundamental de los dones, que es emerger de la nada para abrir los ojos al misterio inagotable del universo.                                                                      

Una respuesta para “VIDA O MUERTE”

  1. juan montero ramirez dice:

    Estoy absolutamente de acuerdo y suscribo todo lo que Ud, dice menos en comparar las sumas de dineros que se gastan en necesidades sociales. El MORALMENTE OBLIGATORIO deber de respetar y proteger la vida de un ser humano indefenso, trasciende cualquier consideración económica. No es una cuestión de tener o no tener medios económicos. El asesinato en el vientre materno de un ser humano, no difiere en nada del mismo asesinato una vez nacido. No hay esfuerzo del que se pueda exonerar un Caballero en, y por, defender la vida del inocente indefenso.
    Entiendo que la referencia a comparar los gastos que se derivan de una u otra gestión, viene motivada por el hecho real de que muchas (muchísimas) posibles madres se abocan a un aborto ante la imposibilidad de poder ejercer como madres por penuria o cualquier otra dramática situación, y en consecuencia, la sociedad debe establecer entre sus prioridades el apoyo a esas mujeres. El aborto es siempre en cualquier circunstancias un acto criminal de máxima gravedad, y aunque circunstancias específicas pudieran aconsejar la aplicación del eximente a la madre,(por ser la sociedad en muchos casos responsable subsidiaria), en los textos legales debe quedar reflejado la criminalidad del acto.
    Va en ello la legitimidad de unas leyes, que trasciende la temporalidad de las costumbres sociales.

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