Archivo para 17. Agosto 2009

ALIANZA DE CIVILIZACIONES

  La reacción de Hillary Clinton durante su reciente visita a Kenya ante la proposición de matrimonio a su hija Chelsea por parte del técnico en electrónica keniata Godwin Chepkburgo revela hasta qué punto Occidente se muestra débil frente a culturas y tradiciones incompatibles con sus valores. El pretendiente africano de Chelsea ha reiterado su oferta, formulada por primera vez hace nueve años a Bill Clinton vía epistolar, de pagar al contado la blanca mano de su amada con sesenta cabezas de ganado, cuarenta cabras y veinte vacas para ser exactos, lo que sin duda demuestra el alto aprecio en el que tiene al objeto de sus deseos. Además, el bueno de Godwin cuenta ya con otra esposa, lo que no representa un obstáculo porque sus creencias admiten la poligamia y su actual cónyuge ha manifestado su plena disponibilidad a incorporar a Chelsea Clinton al acervo familiar. Dejando aparte que no parece que a Godwin Chepkburgo le haya hecho demasiado efecto su paso por las etapas educativas primaria, secundaria y superior en su país en relación a sus ideas sobre la igualdad de los sexos y los derechos humanos, la respuesta de la Secretaria de Estado norteamericana a las preguntas sobre la cuestión de los regocijados periodistas occidentales que seguían su periplo, no pudo ser más decepcionante. Recurriendo a la ironía fácil, la antigua rival de Obama declaró que agradecía la interesante oferta y que la trasladaría a su hija, que es una joven independiente que toma sus propias decisiones. Hillary Clinton equivocó por completo el contenido y el tono de sus palabras y perdió una magnífica ocasión de proclamar que semejante planteamiento le parecía aberrante, que un concepto de matrimonio basado en el intercambio de una persona por ganado resulta inaceptable, que lo consideraba una ofensa y que la poligamia constituye un atentado gravísimo a la dignidad de la mujer. De esta forma, hubiera hecho pedagogía en un terreno en el que el continente africano necesita una seria mejora y en el que sus gobiernos deberían actuar para impedir el sometimiento humillante y las vejaciones que padecen muchas mujeres prisioneras o bien de concepciones opresivas del Islam o de prácticas religiosas y sociales tribales incompatibles con el respeto a las libertades civiles que han de imperar en una sociedad abierta y democrática. Este es el enfoque claudicante y pusilánime de la llamada Alianza de Civilizaciones, un nombre sugerente para ocultar la cobardía y el relativismo moral de no pocos líderes occidentales, entre los que nuestro ZP ocupa un lugar de honor. Si se compara el encogimiento de Occidente con la agresividad de sus enemigos, no es difícil predecir el resultado de esta guerra de visiones del  mundo en la que nos jugamos nuestra supervivencia.                                                        

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