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EL BÁCULO Y LA SERPIENTE
Un primer esfuerzo que hay que realizar tras leer las palabras pronunciadas por el Obispo de San Sebastián, monseñorJosé Mª Uriarte, en la iglesia de Loyola el pasado uno de agosto con motivo de las fiestas de San Ignacio, es reprimir las náuseas. Superada esta natural reacción psicosomática ante una homilía tan repulsiva en su tono y en su contenido, es obligado analizar sus planteamientos, que arrojan sin duda bastante luz sobre la línea argumental del nacionalismo vasco y de los separatistas en general. El mitrado manifiesta, como es natural, su rechazo al terrorismo, no faltaría más. Pero es evidente que su condena del asesinato, la extorsión y la amenaza como métodos de actuación política, es estrictamente retórica. De hecho, la lleva a cabo como soporte dialéctico para dar entrada a lo que de verdad le interesa, que es apoyar las reivindicaciones secesionistas que son la base del delirio doctrinal que ETA utiliza como pretexto para su barbarie. De entrada, lo que falta en el País Vasco no es paz, porque, que se sepa, allí no hay declarada ninguna guerra. Lo que castiga a aquellas torturadas tierras es la presencia de una organización mafiosa y criminal que combate al Estado de Derecho, viola las leyes y provoca la destrucción y la muerte de inocentes con persistente crueldad. Por tanto, la invocación de la paz de manera meliflua, como hace Uriarte, es una forma de colaboración con el terrorismo. Por otra parte, esa idea de que hace falta diálogo social y político es un punto central de los comunicados etarras porque presupone la existencia de un conflicto que enfrenta a dos bandos, cada uno con sus razones, a los que habrá que conciliar. Abundando en este mismo enfoque, Uriarte llama a alcanzar “una fórmula de convivencia aceptable por todos”. Vamos a ver, monseñor, ¿con quién hay que converger? ¿cuáles son esas “aspiraciones legítimas” que debemos moderar? En 1978 se hizo todo el esfuerzo posible para estructurar las instituciones y el orden constitucional de manera que nadie se sintiera excluido y para que la pluralidad española se viera reconocida y amparada. Por tanto, seguir reclamando lo que ya se tiene contribuye a alimentar el odio y esto es exactamente lo que monseñor Uriarte practica continuamente. En el Evangelio, no se conoce ningún pasaje en el que Jesucristo proponga al Maligno una fórmula de convivencia aceptable para ambos. Las expresiones utilizadas por el Señor son inequívocas y su rechazo del Mal es absoluto y sin paliativos. A monseñor Uriarte le convendría repasar el mensaje divino y aplicarlo en su labor pastoral en su diócesis porque cada vez que se pronuncia con la deliberada ambigüedad de su intervención del pasado uno de agosto se alía con Satanás, que se regocija con su cobardía mientras ceba la próxima bomba. Al báculo del obispo de San Sebastían hay enroscada una serpiente que le envenena el alma y le convierte en un instrumento al servicio de sus siniestros fines.
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9. Agosto 2009 en 23:29
Estimado Sr Vidal-Quadras:
Estoy muy de acuerdo con el análisis que usted hace de la homilía de Monseñor Uriarte. Hay pocas cosas más repulsivas que el hecho de que un ministro de Dios se alíe de esa forma con el crimen, manteniendo una equidistancia repugnante con asesinos y víctimas.
En muchas localidades los ciudadanos tienen que sufrir a estos curas cobardes. Los curas decentes, a veces se tienen que ir porque son amenazados. Las personas de bien debemos denunciar a quienes transmiten desde el púlpito ese veneno, aunque nos dé miedo.
Las serpientes están en todos los ámbitos de nuestra sociedad: las hay en la Iglesia, las hay empleados de bancos, profesores, las hay que ocupan cargos de dirección en empresas y centros educativos, las hay obreros y sindicalistas….Siempre tratan de imponer su tiranía, de sembrar su semilla de odio. Es preciso rebelarse, impedirlo; pero hay que ir con pies de plomo y ser muy consciente de que estas personas pueden ser extremadamente peligrosas.
En muchos aspectos, parecen gente civilizada: muestran sentimientos de compasión, aparentan preocuparse por los desfavorecidos, por el medio ambiente; intentan ser justos……Pero, de alguna forma, el mal ha anidado en ellos. Quien no les apoya, podría pasar rápidamente a ser el enemigo al que hay que exterminar.
Cambiando de tema, alguien preguntaba por qué una persona de su valía estaba en política. Es evidente que nuestro país lo que necesita son políticos como usted, que estén extremadamente pulidos moral e intelectualmente, así que no se entiende la pregunta. Tampoco debe meterse a Cospedal y Rajoi en el mismo saco que a Pajín, Blanco y Aído. Esos dos altos cargos del PP no tienen la altura de usted, es verdad; pero su nivel es infinitamente más alto que el de los tres ministros del PSOE, sobre todo en el caso de Rajoi. En la realidad hay grados, y es importante no confundir las cosas.
Le saluda atentamente:
Corona
31. Agosto 2009 en 10:14
El problema en sí no siquiera el terrorismo, con serlo y muy gordo. Ni es separatismo, porque una persona o grupo de personas puede pregonar o defender que su pueblo o una región determinada donde viven se independice de otra. La gente de Tres Cantos se independizó de Alcobendas, creando ayuntamiento propio, por poner un ejemplo. Y si desmembrar España se tradujese en un beneficio evidente para los ciudadanos, sin duda habría que estudiarlo y hasta llevarlo a cabo. Pero desintegrar España no es un beneficio para sus ciudadanos o al menos no he visto hasta el momento que alguien lo demuestre. El PROBLEMA es el NACIONALISMO, una ideología perversa que antepone supuestos derechos de territorios, razas o lenguas sobre derechos individuales. Aquí, en España, se le ha dado una cancha inaudita al nacionalismo, en vez de denunciar su perversidad intrínseca y desprestigiarlo. De hecho, no entiendo como una ideología tan perversa y nociva no es perseguida o al menos denunciada desde la misma UE al objeto de desprestigiarla entre las mentes más emotivas, a las que capta con suma facilidad. Como decía alguien, la ciencia es internacional, el arte es nacional y la necedad, nacionalista.