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DARWIN Y LOS NACIONALISMOS
En un reciente artículo escrito con motivo del centenario de Darwin, Adolfo de Azcárraga señala la estrecha relación que existe entre la evolución biológica y la doctrina política nacionalista. Aunque el nacionalismo es un fenómeno relativamente moderno, que tiene menos de dos siglos de existencia, el motivo de su éxito se encuentra curiosamente en instintos humanos primordiales. Partiendo del mecanismo de fijación, tan bien estudiado por Lorenz en su famoso experimento en el que consiguió que gansos recién nacidos le tomasen por su madre, Azcárraga nos recuerda que la adscripción acrítica a una determinada identidad cultural se basa en esta tendencia congénita y que una vez realizada en la primera etapa de la vida, sólo puede ser superada mediante el aprendizaje. De ahí la importancia de una educación liberal y el motivo de que los nacionalistas procuren por todos los medios controlar la educación. Sus dirigentes saben perfectamente que los niños nacen con una inclinación primordial a identificarse con una cultura y una lengua y que este rasgo biológico de la naturaleza humana, fruto de la evolución, puede ser objeto de explotación política de manera muy eficaz. No cabe duda que los padres de la Constitución de 1978 no conocían a fondo la teoría de la evolución porque de lo contrario no habrán asignado a las Comunidades Autónomas la educación como competencia exclusiva. Otra conclusión luminosa de este esclarecedor análisis es la de que la Alianza de Civilizaciones, tan cara a ZP, es un enfoque equivocado para solucionar el conflicto entre bloques culturales y religiosos. No se trata de fomentar el diálogo entre identidades colectivas ya consolidadas, lo que es extraordinariamente difícil por razones biológicas profundas, sino de actuar sobre los individuos mediante procesos educativos que les permitan abrir sus horizontes intelectuales y morales de tal forma que comprendan los peligros de sumergirse -no en vano la técnica de construcción de naciones lingüísticas se conoce como “inmersión”- en una cultura concreta con carácter excluyente. En definitiva, que el combate contra las identidades fanáticas y potencialmente asesinas consiste en la superación del instinto biológico gracias a la cultura, la cultura de la libertad por supuesto. Azcárraga afirma con ingenio citando a Lorenz que en términos evolutivos somos la etapa intermedia entre el animal y el hombre auténticamente humano. En otras palabras, que hemos de procurar que desde su infancia más tierna todos nuestros semejantes recorran lo más rápidamente posible gracias a una buena formación el camino ascendente que va desde de Juana Chaos a Vicente Ferrer, por poner dos ejemplos ilustrativos.
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2. Julio 2009 en 20:11
Si los niños nacen con una inclinación primordial a identificarse con una cultura y una lengua y este rasgo biológico de la naturaleza humana es fruto de la evolución me pregunto como es posible que niños pertenecientes a culturas e idiosincracias tan dispares en diversas regiones de la peninsula iberica, y en dominios tan extensos que en ellos no se ponia la luz del sol acabaron todos ellos hablando español.
3. Julio 2009 en 14:09
Estimado Sr Vidal-Quadras:
Sin duda es cierto que en la primera infancia, desde la escuela, nos adscribimos ya a una identidad nacional. Los afluentes del Ebro, Los picos del Sistema Ibérico, El Poema del Cid, “La Casa de Asterión” de Borges, el carácter innovador de Castilla, la fuerte personalidad de Felipe II…..,fueron enraizándonos silenciosamente en la cultura española. La España húmeda, la España seca, la empresa americana, ….;pertenecíamos a una raza con amplios horizontes, a pesar de que, en casa, aún escuchábamos otra lengua milenaria y misteriosa.
Artificialmente, políticos mediocres y con oscuros intereses quisieron dar la vuelta a esta situación. Muchos padres han secuestrado el derecho de sus hijos a estudiar en la lengua materna castellana. Como la lengua vasca no está viva en amplias zonas, se les transmite una lengua fósil en la que no pueden expresar emotividad ni espontaneidad alguna. Esto por sí solo ya es un crimen injusto. Pero es que además se les ha privado del bagaje humano y cultural vastísimo del que el castellano es vehículo, y que por derecho les correspondía.
Es loable que se haga un esfuerzo por proteger el vascuence en las zonas donde, de manera natural, se había conservado. Pero incluso para esos niños vasco-parlantes es todavía más necesaria la educación en castellano, porque es su única garantía de no quedar confinados en un mundo cerrado y tribal. Como cualquier lengua, el eusquera es la llave que abre todo un mundo de vivencias humanas. Pero es forzoso admitir que, desde el punto de vista intelectual, esas experiencias han sido ínfimas.
La ley que ha aprobado el Parlamento de Cataluña para impedir que los niños catalanes reciban la herencia cultural en lengua castellana a la que tienen derecho, es un crimen de la mayor gravedad. Si esto sucediera en Francia, no hay duda de que el Estado estaría legitimado para intervenir con firmeza y detener a quienes pretenden llevar a cabo ese abuso. Por desgracia, en España ha sido el propio Presidente del Gobierno quien, en última instancia, ha propiciado esta barbarie.
Quiero felicitarle por su brillante intervención en las jornadas de la Universidad de Cádiz, la he leído con sumo agrado. Reciba un atento y afectuoso saludo:
Corona