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LA INDEPENDENCIA DE BOADELLA
Esta mañana he tenido el placer de escuchar a Albert Boadella en una intervención plagada de ingenio y rebosante de iconoclastia en uno de los interesantes desayunos-coloquio que organiza el Foro Nueva Economía. Su cruel análisis del papel de los arquitectos en la cultura moderna y sus ácidos comentarios sobre el papanatismo de los poderosos ante determinadas muestras de arte contemporáneo han hecho las delicias del respetable. El indomable cómico catalán ha sido presentado por su actual empleadora, Esperanza Aguirre, que le ha cubierto de elogios y le ha prodigado todo tipo de muestras de afecto. Lo cierto es que la numerosa y selecta audiencia lo estaba pasando en grande hasta que Isabel San Sebastián, esa periodista afilada como una daga veneciana, le ha preguntado a quién pensaba votar en las próximas elecciones europeas. Y el autor de Ubú President, en presencia de la cúpula del Partido Popular de Madrid y de su presidenta, la misma que le ha nombrado director de los Teatros del Canal y le ha acogido generosamente poniéndolo a salvo de la feroz campaña de acoso y aislamiento -eso que él llama con acierto “muerte civil”- a la que le tiene sometido en Cataluña el nacionalismo, no se ha cortado un pelo al anunciar que su sufragio será para… ¡Rosa Díez! Boadella podía haber eludido la pregunta con fórmulas neutras del tipo “No invada usted mi intimidad”, “El voto es secreto”, “No me parece adecuado satisfacer su malsana curiosidad en un acto institucional” o, incluso, en clave críptica y diplomática, recordar la célebre canción en la que se afirma que se puede querer a dos mujeres a la vez y no estar loco. Sin embargo, ha optado por decir simple y llanamente la verdad.
Aunque el incidente puede ser visto como una muestra de ingratitud o de falta de tacto por parte del invitado de honor, una lectura más profunda del mismo permite extraer conclusiones muy beneficiosas tanto para Boadella como para Esperanza Aguirre. En unos tiempos de intelectuales orgánicos babeantes de adulación ante sus mecenas políticos y de gobernantes que invierten sumas ingentes en domesticar y en poner a su servicio a escritores, pintores, actores y directores de cine, el insólito caso de una presidenta de Comunidad Autónoma que ofrece una oportunidad a un artista sobresaliente por la mera razón de la calidad de su trabajo sin exigir a cambio fidelidad o sometimiento, y de un creador que acepta la oferta sin que ello implique la renuncia a un ápice de su libertad de opinión y de criterio, les enaltece a los dos y proporciona a la sociedad un ejemplo impagable. Hasta hoy yo me honraba con la amistad de ambos, después de esta exhibición de altura ética por su parte no sólo me honro, sino que me enorgullezco.
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15. Mayo 2009 en 16:14
¿ porqué nunca se valora al señor Boadella como director de teatro y no por sus actos políticos ? en mi opinión sus obras de teatro son mediocres, la mayoría de sus críticas son esperpénticas, baratas, fáciles y grotescas, no aportan absolutamente nada al mundo del teatro. En Cataluña ha habido personas que sí han aportado y mucho al mundo del teatro como Josep Maria Flotats, Mario Gas, Sergi Belbel, etc, ninguno de ellos ha estado metido en ningún partido político, ni van a actos políticos ni llevan su resentimiento y mediocridad donde sea necesario.