Archivo para 18. Febrero 2009

JUSTICIA DESVENDADA

El bochornoso episodio de la cacería de fin de semana en la que se han encontrado casualmente el juez que entiende de un caso de considerable trascendencia política, el ministro de justicia de un gobierno que es obviamente parte interesada, la fiscal encargada del asunto y el comisario general de la policía judicial responsable de las investigaciones sobre el terreno, ha suscitado el consiguiente escándalo. Sin embargo, ni el gobierno ni el juez ni el ministro ni el fiscal general ni nadie se ha dado por aludido. Por el contrario, de manera chulesca y descarada han hecho mofa pública de los que les han pedido explicaciones. El hecho de que el tema, que llevaba varios años bajo la lupa de los servicios de seguridad, haya estallado precisamente en vísperas de unas elecciones y en un momento en que el partido en el poder se muestra incapaz de afrontar la peor crisis económica sufrida por España desde la transición, obedece a otra casualidad, tan creíble como la fortuita cuádruple coincidencia cinegética. Nuestro sistema institucional se deteriora a gran velocidad y ya no se guardan ni las formas. Cuando a la justicia se le cae la venda de los ojos y dirige su mirada de inocencia perdida sobre los justiciables calculando con criterios ajenos a la estricta aplicación de la ley, los fundamentos de la democracia constitucional ceden y todo el edificio se tambalea. Y esta pérdida de independencia del poder judicial, este sucio sometimiento de las togas al ejecutivo, esta deshonra inaudita en una sociedad occidental avanzada, es peor que la contracción del crédito, peor que la quiebra de los fondos de inversión, peor que el aumento imparable del desempleo, peor que la caída de la producción industrial, peor que el descontrol del déficit y peor que el azote etarra. Porque todos esos males terribles tienen arreglo si el nervio moral de la colectividad se mantiene sano, si los pilares que sostienen nuestra civilización aguantan el seísmo, si los valores que nos fortalecen no se pierden en el tumulto. Pero cuando es la misma base la que se agrieta, cuando el suelo falta bajo nuestros pies, entonces ya nada nos podrá salvar del desastre.

|