CONTINUISMO
mayo 16th, 2013 por admin
No la conozco personalmente, pero he oído que es persona de fuertes convicciones morales. Este rasgo de su carácter abre una cierta rendija de esperanza.
La flamante presidenta del PP vasco, designada que no elegida, se ha manifestado tras su nombramiento a favor de una línea continuista para su mandato. Teniendo en cuenta que su formación, liderada entonces por Jaime Mayor, obtuvo hace una década 300.000 votos y diecinueve diputados en la Cámara autonómica y que ahora cuenta con 130.000 sufragios y diez escaños, su apuesta por seguir en la misma estrategia no parece demasiado prometedora. Una sencilla extrapolación nos lleva a la conclusión de que la aspiración de Arantza Quiroga es pasar de la irrelevancia actual a la completa desaparición a medio plazo. Noble y hermosa ambición que sin duda merecerá los plácemes de los nacionalistas por lo que revela de espíritu dialogante y, en las propias palabras de la nueva presidenta, “abierto a todas las ideas”, las ideas de sus enemigos se entiende, aunque no a las de sus militantes y base social. El día que se analicen las razones por las cuales los máximos dirigentes del Partido Popular español, de 1995 en adelante, decidieron dar todo tipo de facilidades a los proyectos separatistas catalán y vasco, seguramente revelará interesantes misterios porque algún arcano debe esconder semejante despliegue de masoquismo.
Por ahora, y a la espera de sorpresas futuras, conformémonos con las interpretaciones al uso: acomplejamiento ideológico, falta de convicciones, necesidad de apoyo en las Cortes inmediato o previsible, infección por el virus particularista, puro y simple miedo, cualquiera de estos factores o su combinación en fórmulas diversas puede explicar un comportamiento tan extraño. Si en vez de ser colocada por el dedo de Génova 13 a la cabeza de los populares vascos, Arantza Quiroga hubiese promovido un congreso abierto a todos los afiliados y hubiese competido limpiamente con otras candidaturas, como hizo por cierto José Ramón Bauzá en Baleares mereciendo la admiración general, habría ganado o perdido, pero su legitimidad en el primer caso y su compromiso democrático en ambos hubieran sido aplaudidos por todos. No lo ha hecho, pero todavía puede hacerlo porque la asamblea prevista para ratificarla después del verano le proporciona una excelente ocasión de rectificar. No la conozco personalmente, pero he oído que es persona de fuertes convicciones morales. Este rasgo de su carácter abre una cierta rendija de esperanza.